jueves, 27 de octubre de 2016

Uno de mis primeros cuentos que escribí y que no ha salido a la luz.
 Tiene fallos, pero lo hice antes de publicar ninguno ni de formarme como aprendiz de escritora. 
Espero que os guste.
Lo escribí para la Semana Santa infantil el 19-04-2010, con todo mi cariño y admiración por aquellos pequeños de Aracena( y algunos de alrededores), que con tanto entusiasmo y respeto, representaban cada paso de su localidad.


LA SEMANA SANTA CHICA



     Sobre la puerta había un cartel luminoso que anunciaba: INMOBILIARIA.

 Pero al entrar, te dabas cuenta de que algo sucedía allí, pues no tenía el aspecto de ser una oficina en donde iba la gente para comprar o vender casas.

Se veían unas mesas de oficina con ordenadores, unos sillones, pero todo revuelto.
El causante de este desorden era Manuel, un niño de seis años, rubio, con unos grandes ojos color castaño, y una  gran sonrisa tras  la que se veían unos dientes mellados hijo del dueño de la inmobiliaria, que, desde hacía días, no paraba de insistir y convencer a su padre para que le hiciera un paso chico y participar en la Semana Santa infantil.

-Venga papá. Pero ¿qué te cuesta? ¿Eh?

-Manuel, no seas pesado, que tengo que trabajar. ¡Anda y vete a jugar con tus amigos!

Pero al momento volvía a las andadas y le repetía:

-Papá, lo vamos ha hacer ¿verdad?

Tanto, pero tanto insistió, que su padre, al final…accedió.

Por ese motivo estaba la oficina así, toda revuelta, porque durante una semana, la inmobiliaria se había trasformado en la casa Hdad. De Cantarrana, cuyos miembros, se citaban allí mismo para ensayar.

Milagros, la madre de Manuel, se encargó de llamar por teléfono a las madres de  los amigos de su hijo, para que pudieran participar en el paso. El que iban a hacer era el que sale en la madrugada del jueves al viernes Santo, el de Nuestro Padre Jesús.

Manolo,  se encargó de comprar y hacer el armazón del paso. Eran cuatro patas de hierro, con un tablero de madera encima y sus dos trabajaderas para cuatro costaleros.

      
 Era el primer día de ensayo. Allí estaban todos, a las seis en punto de la tarde, (una hora muy taurina), puntual y preparados para comenzar los
ensayos, aunque al principio, ni siquiera sabían de qué iban a salir.

Entonces, Manolo les dijo:

-¿Venís dispuestos a trabajar?

Y todos asintieron con la cabeza al mismo tiempo, como si se hubieran puesto de acuerdo.

-Vale-continuó diciendo-Entonces, os diré de qué vais a salir en el paso. Manuel, tú irás de capataz, porque eres el que ha tenido la idea. Andrés, tú, junto con Jorge, Curro, Javi y Carlos, seréis los costaleros.
                                                                                             
Era  difícil explicarles las cosas, porque no paraban de hablar y corretear de un lado para otro. Entre medio de tanto alboroto, no se dieron cuenta de lo que le estaba  sucediendo a Curro.

Estaba  algo triste y enfadado, con los brazos cruzados, en un rincón de la habitación.

 Al darse todos cuenta, le preguntaron:


-¿Qué te pasa? ¿Por qué te has puesto así? ¿Es que no te gusta la idea?- y le zarandeaban por los brazos para animarle.

-¿Qué qué me pasa? ¿Que qué me pasa? ¡Me pasa que no puedo estar el día que tiene que salir el paso! ¡Eso me pasa!

-¿Cómo que no?-le preguntó Manolo.

-¡Como que no! Es que mis padres me llevan… ¡a la fuerza! a la comunión de un primo en Sevilla. ¡Y tengo que ir!-y seguía enfadado, volviéndose a cruzar de brazos.

-Bueno, no te preocupes, tú ensayas y ya está. Al menos, durante unos días te lo pasarías bien ¿no?-dijo Andrés.

Los mellis también le animaron al igual que Jorge, y al poco ratito, ya se le pasó el enfado.

Durante los días de ensayo, como Manolo no podía dejar la oficina cerrada del todo, contaron con la ayuda de Jesús, el hermano de Andrés. Era grande, de un metro ochenta más o menos, y al lado de los pequeños, parecía un jugador de baloncesto de los que salen en la tele, ¡y eso que sólo tenía quince años!

-¡Andaaaa, qué grandeeee!- decían mirándole de arriba abajo.

Jesús era un gran apasionado de la Semana Santa y accedió a ayudarles. Todos le hacían caso. Pero a la hora de hacerles el costal, cuando acababa de montar el último, tenía que empezar otra vez por el primero, pues jugando y probándoselos, se les quitaba, teniéndolos que hacer de nuevo, todos los costales, y así durante un buen rato entre risas y nervios.


Fueron cinco los días que estuvieron ensayando. Cinco días en los que no había que reñirles para que hicieran los deberes, pues los terminaban rápido para poderse ir a la casa Hdad. Cinco días, en los que les podías pedir cualquier cosa, que te lo hacían sin protestar con tal de no perderse el ensayo.

El día antes de la Semana Santa chica, por la tarde, la inmobiliaria parecía un hormiguero. Personas que iban de un lado a otro haciendo cosas. Estaban todos los padres y madres de la cuadrilla, dando los últimos retoques.

    De los respiraderos se encargaron los padres. Las madres, de poner las flores y adornos, las colgaduras que ya habían cosido en los días anteriores, de color morado. El Cristo y el Cirineo sobre el paso, con sus velas.

            Era agradable ver la situación: padres, madres e hijos participando y haciendo cosas en el paso.
                                                                      
             La verdad es que, los padres, disfrutaron igual o más que los niños. Esa tarde acabaron de prepararlo todo ya bien entrada la noche. Estaban muy nerviosos…Mañana sería el gran día…Mañana sería la prueba final.

    Se acostaron, sin protestar, y antes de que sus madres les cerraran las puertas del dormitorio, ya estaban dormidos.
   
            Amaneció por fin, la noche se había hecho larga con la espera, pero por fin amaneció, con cielo nublado y algo fresco, un día más propio de otoño que de plena primavera.

            En las casas de los participantes, estaban todas las cosas listas. Los costales, la ropa, el traje…
Y llegó el momento esperado.  Los nervios a flor de piel.
 
   La hora acordada para encontrarse eran las diez y media de la mañana. El cielo seguía nublado. Durante la noche, no había parado de llover en todo el tiempo, pero al menos ahora, no llovía, aunque, por si acaso, los padres tenían los paraguas preparados.

    Llegaron a la vez a la inmobiliaria Andrés y su hermano Jesús con sus padres,

Jorge, con sus padres y su hermana Paula, que también iba a participar vestida de nazarena.

Al ver a  Andrés y Jorge vestidos iguales, su madre les dijo:

-¡Anda, si parecéis gemelos!

-Es verdad, vamos vestidos igualitos-dijo Andrés.

Y comenzaron a reírse.
    
 Al momento, llegó  Manolo con Manuel, vestido de capataz, todo de azul. Con corbata y incluida, incluso llevaba gomina en el pelo como los mayores, y una medalla de la Hermandad al cuello.

Detrás, su madre con su hermano Pepe, el pequeño que estaba intranquilo con tanto trajín.
   
  Después los mellis, Carlos y Javi con sus padres, también vestidos de costaleros como Andrés y Jorge.Luego, Jose Luis, al que le acompañó su madre, también vestido de costalero suplente.

    Poco a poco, fueron incorporándose los demás participantes de la cofradía.

Llegó Carlos, el capataz trasero, un pequeño, alegre y divertido, también con su corbata y bien arreglado, acompañado por su padre.

 Eran las once de la mañana, y aún faltaban componentes. Los nervios iban en aumento, las niñas de las mantillas aún no llegaban, los que llevaban los faroles, tampoco.

 El piporrero Santi, al que le acompañó su madre, sí estaba preparado con su botijo de barro lleno de agua

-¿Y las niñas? ¡Siempre son iguales, ojú! ¡Siempre tardando en arreglarse!-dijo Javi.

-Como no vengan, nos vamos sin ellas-protestó Carlos.

-Nos vamos ya- dijo Manolo- Es la hora, y no podemos retrasar más la salida.

-Venga, ¡todos preparados! Cada uno a su posición.

¡Costaleros!...

-Siiiiiii

-¡A sus puestos!-les ordenó Jesús.

-¡Cruz de guía ¡

-Si-respondió una voz tímida.

-¡Nazarenos!
                                                                                             
-Siiii-contestó Paula colocándose bien el capirote de nazareno.

-¡Todos preparados!- dijo Manolo.

-¡Todos preparados!-les respondieron todos.

El pistoletazo de salida, fue al tener que pasar por la puerta de la inmoviliaria. Los padres con las cámaras de fotos preparadas, para inmortalizar el gran momento.

La procesión iba ya por la calle. De cada barriada, participaba un paso. El pueblo, por un momento, se había convertido en una representación en miniatura de la Semana Santa grande. Costaleros, capataces. Nazarenos y piporreros. Miembros de la banda de música con sus tambores de juguete. Hasta les acompañaba la figura del Alcalde con su bastón de mando.

            Llevaban unos quince minutos ya en la calle, cuando por fin, llegaron las niñas de mantilla, con sus pequeños bolsos y sus rosarios colgados de la mano, ¡y con sus tacones! No les faltaba un detalle.

-¡Por fin estamos todos!

-¡ya era hora ¡
           
Se oía a la Banda de Cornetas y Tambores ya cerca.  La Hdad. De Cantarrana tenía su entrada en segundo lugar.

Al comienzo del Paseo, un arco por donde tenían que pasar todas las

cofradías participantes, para ver la destreza del capataz al mando, y la obediencia de los costaleros.
                                                                                 
   Los padres,  conteniendo el aliento por la tensión. Manuel, muy en su papel, supo dirigir perfectamente a su cuadrilla por el arco. Todos a una…despacio.




Llevaban el paso por igual. Los nazarenos, la cruz de guía, Santi el piporrero, pegado al paso, para cuando necesitaran agua los costaleros.

Todos representando su papel a la perfección. Recorrieron el pasillo marcado con elegancia y sin protestar, oyéndose solamente la voz de su capataz  que les indicaba: “Derecha alante, izquierda atrás”.


Cuando hacían la parada, que, al ser mas pequeño Manuel que los costaleros, se bajaban un poquito…con disimulo… para que pudiera llegar y dar  el golpe al llamador. Y, para levantarse, les decía:

-Javiiiii

-¡Heyyyyyyyy!

-Todos por igual… ¡A este!

Y de golpe se levantaban al mismo tiempo.

Acababa de entrar el último paso, cuando comenzó a llover, pero a nadie le importó. Esperaban con ansiedad la decisión del jurado.
 
  Ya se habían retirado para deliberar. Jesús, fue uno de ellos, pero él no podía votar a la Hdad que representaba.

La espera se hacía eterna, cuando de pronto, salió el jurado.

    Comenzaron a dar los premios, al principio, se desanimaron porque pensaban que no conseguirían ninguno, pero al instante, dijeron:

-El premio para los mejores costaleros es…para…LA HDAD. DE CANTARRANA!
                                                                                             
    Todos, padres, madres, e hijos comenzaron a aplaudir de alegría. Les dieron un diploma, y algo de dinero.

-¡Dineroooooo!-dijeron saltando de alegría.

-Lo dejaremos para comprar la figura de la Virgen-dijo Manolo- para el próximo año.

Regresaron a la inmoviliaria, para dejar  guardado el paso. Y, cuando todo estuvo recogido, decidieron celebrarlo todos juntos, padres, madres, e hijos, con un estupendo almuerzo. En este día, se  sintieron  realmente los protagonistas de la historia.

Fue un día muyyyyyy feliz para todos, especialmente para los niños.

    Y colorín colorado, esta hermosa historia se ha acabado.
                                                                         

FIN




Este cuento va dedicado a todos los niños que participaron en la Semana Santa chica, a lo padres y  madres, que hicieron realidad el sueño de sus hijos y lo compartieron con ellos.
Con todo el cariño:
África Mª Sánchez

Aracena 19-Abril- 2010
           









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