ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO
-IX-
UNA INVITACIÓN MUY ESPECIAL
Bernardino citó a todos los del pueblo que le había ayudado con
una invitación que él mismo había hecho y que decía así:
"Este Sábado, a las seis de la tarde, les invito a
mi nueva casa. No faltéis.
Os saluda: Bernardino"
Pero a sus amigos no les podía citar a la misma hora ni el mismo
día. Para ellos, y para sus padres, tenía que prepararles algo especial. Algo,
que les demostrara toda su gratitud por
lo que habían hecho con él. Llamó a casa de Roberto y de Guillermo, y al abrir
la puerta, Roberto le dijo:
-¡Pasa Bernardino! Pasa hombre, no te quedes en la puerta.
-No Roberto, tengo prisa. Sólo vengo para decirte a ti, a tu
hermano y a tus padres y hermanos, que vengáis mañana a las cinco de la tarde a
mi casa. ¿OK?
-Ok, ¿pero qué te pasa?
-Nada, nada. Tengo prisa, que no se te olvide lo de mañana. Adiós.-Y
salió corriendo muy deprisa.
-Adiós hombre, adiós.
Se marchó para la casa de Manuel e hizo igual. Los invitó a él y a
su familia y se volvió a ir corriendo, esta vez para acercarse a la casa de Jorge,
donde hizo exactamente lo mismo que en las anteriores.
Ya algo cansado por tantas carreras, se dirigió hacia la casa de
Andrés. Llamó y esperó.
Cuando le abrieron la puerta, Bernardino les invitó igual que a
los demás, pero su amigo Andrés no dejó que se fuera con las manos y la barriga
vacía. Lo obligó a entrar cosa que hizo Bernardino. En el salón de la casa
estaban sus padres.
-Hombre Bernardino, ¿qué te trae por aquí?
-Buenas, venía a invitaros a vengáis ,añana viernes a mi nueva casa.
-Vale, estaremos encantados de visitarte. La verdad es que nos
tienes a todos un poco intrigados con eso de la sorpresa-dijo el padre de
Andrés.
-Ven, siéntate, que ahora mismo íbamos a preparar la cena. Quédate
con nosotros.
-No, no, no gracias. No tengo hambre.
-¿Cómo que no? Anda, anda que nunca hay que rechazar una
invitación a comer.
Y se quedó a cenar. Durante la cena, llegaron los hermanos de
Andrés y se unieron al banquete y a la charla con los demás comensales. Hablaron
y hablaron sobre todo, del día en que se conocieron, y en lo que les cambió la
vida desde ese momento. Bernardino se
relajó y disfrutó de la cena con sus amigos. Sin darse cuenta, la tarde se le
pasó volando, como un suspiro. Se hizo de noche, miró su reloj y dijo:
-Bueno, es hora de irme a mi casa nueva. Gracias por todo. Y no
olvidéis la cita que tenemos mañana viernes a las cinco de la tarde.
-No las merece. Estás en tu casa. Ya sabes que si alguna vez
necesitas algo, nos puedes llamar, sea para lo que sea. ¿De acuerdo?-le dijo la
madre de Andrés.
-De acuerdo. De nuevo, gracias y hasta mañana.
Tras irse Bernardino, Andrés, sus hermanos y sus padres
comentaron:
-Se ve una gran persona.
-Es una gran persona-dijo Andrés-¡Y eso que nos asustamos cuando
lo vimos por primera vez!
-¡Y nosotros!-dijo su madre-¡Menudo susto nos dimos cuando lo
vimos con vosotros!
Y tras recoger las cosas de la mesa, se acostaron.
Andrés pensaba en el día siguiente. ¿Qué les tendría preparado
Bernardino? Y mientras pensaba, se quedó
dormido.
Continuará...
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