miércoles, 10 de agosto de 2016

ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO

CAPÍTULO -I-

“AMIGOS PARA SIEMPRE”
 
Andrés y Jorge son amigos desde que entraron en el colegio con tres años, y hasta el día de hoy, con doce años, aún siguen siendo compañeros de clase y lo que es más importante, aún siguen siendo amigos. Los dos son altos y delgados, bastante delgados.

Andrés tenía el pelo castaño oscuro y peinado de punta como un puercoespín, los ojos muy expresivos, de un marrón intenso como una tableta de chocolate, y una amplia sonrisa que le llega de lado a lado de la cara. Jorge tenía el pelo largo, rubio oscuro, lacio, peinado con la raya a un lado, y tapándole el flequillo casi por completo la cara.
Andrés es muy servicial y ayudaba a todo aquél que lo necesitaba. A sus vecinos, a sus abuelos, incluso cuando ve a una persona mayor con la bolsa llena con la compra del supermercado, iba corriendo para ayudarle con la carga. Sus padres, trabajaban en una tienda de comestibles que permanecía abierta incluso los fines de semana, y Andrés, con gusto, les ayudaba en sus pocos ratos libres a preparar los pedidos o atender en el mostrador a quien viniera a comprar.
La tienda, sobre todo los fines de semana, parecía el cuartel general de operaciones donde se reunían todos los del grupo para preparar sus aventuras.
  Los padres de Andrés ya estaban acostumbrados a ese entrar y salir constante de los amigos de su hijo, pero no les importaba en absoluto. Preferían tenerlos cerca que no estar con la preocupación   de no saber en qué lugar se encontraban.
Jorge, con el pelo largo rubio oscuro lacio, peinado con la ralla a un  lado, y tapándole el flequillo casi por completo la cara.
Andrés tenía muchos amigos: los amigos de su equipo de fútbol, los de rutas en  bicis, los de la música… pero, sobre todo, tiene un grupo de amigos especiales, esos amigos con los que comparte las ganas de divertirse y vivir aventuras. 
 Le gustaban los deportes, pero su favorito es sin duda alguna, el fútbol, y juega en el equipo local como delantero.
Ese viernes por la tarde, después del entrenamiento de fútbol en el Polideportivo, Andrés y Jorge charlaban entre ellos:
- ¿Nos vamos a dar una vuelta por ahí? Estoy cansado de jugar al fútbol. El entrenamiento de hoy ha sido demasiado duro y necesito hacer algo distinto antes de recogerme.
-Yo estoy mueeeeeerto, pero tienes razón, quizás si vamos con las bicis un rato, nos irá mejor.
-No sé que le pasaba hoy al entrenador, pero tenía una cara de enfado y un genio que se le notaba desde lejos. Tío, vaya gritos nos pegaba hoy. No sé cómo no se pone ronco de las voces que da.
-Quizás esté enfadado porque El Real Madrid perdió antesdeayer en la Copa del Rey y encima en la tanda de penaltis.
-Jajajajaja, seguro que es por eso. Y como castigo, nos ha puesto a entrenar a los infantiles con los grandes, porque somos todos del Betis.
 Andrés y Jorge seguían conversando sobre las estrategias que había utilizado el entrenador ese día: flexiones, abdominales y ¡cinco vueltas corriendo al campo de fútbol! Sí, definitivamente, no era el mejor día del entrenador.
Ya estaban en el aparcamiento de bicis esperando a los que faltaban del grupo que aún estaban en sus actividades en el Polideportivo.
Manuel estaba viendo el entrenamiento de voleibol de Roberto y Guillermo seguía aún en atletismo.
Roberto es el más alto de los cinco. Tenía el pelo acaracolado de color negro. Era un chico risueño, y le caracteriza un lunar grande en la mejilla, por debajo de su ojo izquierdo.
De Guillermo, hermano de Roberto, también de pelo rizado, pero de color castaño claro, lo característico eran sus gafas de colores, que le daba un aspecto bastante interesante, aunque, para entrenar, se las dejaba en casa por miedo a que se les rompieran.
Manuel era alto y el más fuerte de todos. De pelo color negro y tan lacio, que parecía tenerlo recién planchado de peluquería. También llevaba gafas como Guillermo.
Cuando por fin se encontraron los cinco a la salida del Polideportivo, cada uno fue contando a los demás cómo les había ido la tarde de entrenamientos.
-Tíos, Jorge y yo pensábamos dar una vuelta por ahí con las bicis. ¿Os venís?
Aceptaron encantados porque a todos compartían, además, la pasión por montar en bici y visitar lugares donde no había estado nunca ninguno de ellos.
Se colgaron las mochilas a la espalda, se pusieron los cascos y finalmente cogieron sus bicis.
A Roberto le gustaba presumir haciendo el caballito con la bici. Y una vez más se exhibió ante ellos.
-Mirad tíos, ¡a ver si sois capaces de hacerlo vosotros! Mira mira miraaaaaa. Oléeeeeeee!!!! –hizo el caballito y derrapando les dijo-. Venga atreveros a ver si me superáis.
-Tío, siempre estás igual. Anda vámonos ya de una vez- le reprendió Guillermo.
Mientras tanto, Jorge se peleaba con el casco para poder ponérselo.
-Esto del casco es un rollo tíos- dijo Jorge.
-Por qué, ¿Por qué te despeinas? -le contestó Roberto, y rieron todos.
-Jajaja, que graciosos-respondió Jorge abrochándose por fin el casco.
-Venga, vámonos ya de una vez-dijo Manuel.
- ¿Pero ¿dónde vamos? ¿Tenéis alguna idea? -preguntó Guillermo.
-Sí, vamos al colegio abandonado que está cerca del Aula de Música-le respondió Andrés.
- ¿A ése que se ve allí abandonado, abandonado…? -preguntó Manuel.
-Al mismo. -respondió Andrés-. Hace tiempo quiero visitarlo. Tengo curiosidad de saber si hay algo o alguien allí.
-Vale, vayamos a investigar a ver qué encontramos -dijo Roberto.
-No sé, nunca hemos estado allí, ni siquiera sabemos si se puede entrar o no-apuntó Jorge-. Además, eso de ver si vive alguien…
-Es verdad que no hemos ido nunca, pero sería divertido arriesgarse ¿no?-les dijo Andrés para animarles.
Desde el Polideportivo se divisaba el colegio abandonado porque estaba en lo alto de una montaña, a unos dos kilómetros de donde se encontraban ellos. Y pedaleando, pedaleando, sin darse cuenta, llegaron al Aula de Música, que estaba cerca del Colegio abandonado.

          FIN CAPÍTULO 1

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