martes, 1 de septiembre de 2015

EL COCHE DE CARRERAS

Éste cuento, lo hice especialmente para un sobrino, espero que os guste:

EL COCHE DE CARRERAS

Erase una vez dos amigos que además eran primos; uno llamado Andrés, el otro David.
Andrés era cinco años mayor que David, pero a ellos la diferencia de edad no les importaba. Desde siempre, eran amigos por encima de todo.
Un día que iban caminando por el campo, como iban hablando y hablando, sin darse cuenta, se alejaron más de la cuenta, quizás demasiado. Entonces Andrés dijo:

-David, creo que nos hemos perdido!!

-¿Qué? ¿Perdido? ¡No lo dirás en serio!

-Sí, es de verdad, creo que nos hemos perdido porque no tengo ni idea de donde estamos.

-¿Y ahora qué hacemos? Mis padres estarán preocupados. ¡Y nosotros aquí perdidos!

Andrés como era el mayor, le dijo para tranquilizarle:

-David, no te preocupes. Sé como tenemos que volver a casa, porque cuando vamos por un camino nuevo, voy dejando alguna marca. Tranquilo, que no pasa nada.

David se quedó más tranquilo cuando Andrés le enseñó las ramitas que había ido partiendo por todo el camino.

Pero cuando iban de regreso, a un lado del camino, vieron algo extraño. Vieron algo que no pegaba nada en medio del campo. Se acercaron despacio y en silencio, por si había alguien observándoles.
Apartaron unas ramas de una madroñera…y allí estaba…era…¡un coche abandonado! Estaba oxidado, las ruedas pinchadas, los cristales rotos…pero no era un coche normal, no era un todo terreno, ni un monovolumen… ¡era un coche de carreras!!
¿Quién dejaría tirado en medio del campo un coche de carreras?
Entonces, se miraron y dijeron a la vez:

-¡Nos lo quedamos!

Y comenzaron a trazar u n plan. Lo primero que hicieron fue volver a casa corriendo todo lo que sus piernas le daban de si antes de que les echaran de menos y al día siguiente, más tranquilos, pensarían el algo y trazarían un plan.

Quedaron en verse a la mañana siguiente al salir del colegio en la Plaza del Burrito.

-Andrés, ¿qué vamos a hacer?

-Nos lo traeremos más cerca del pueblo y lo arreglaremos.

A David se le quedó una cara como diciendo: ¿qué está diciendo este? Pero Andrés continuó hablando.

-David, vamos a necesitar ayuda, pero creo que si lo arreglamos, nos quedará un coche de carreras fabuloso, ¡aunque no pueda andar! Nos vemos esta tarde. Tú tráete una cuerda de tu padre grande y yo cogeré unas ruedas de un carro de mi padre. Nos volveremos a ver a las cinco en punto en la entrada del camino.

-Vale, ¡lo haremos!

David, después de comer cogió cuerdas de su padre, y Andrés las ruedas del carro de su padre que ya no utilizaba y se fueron al campo.
Con una cuerda atada a la parte delantera del coche, haciendo mucha fuerza, lo intentaron levantar, pero los dos solos no podían. Así que tomaron otra decisión: volver a casa y contarles a los hermanos mayores de Andrés todo lo del coche.
Los hermanos de Andrés ya vivían solos, pero estaban muy apegados a su familia y casi todos los fines de semana venían al pueblo para ver a sus padres y abuelos.

Cuando oyeron la historia de Andrés y David, decidieron ayudarles, aunque en el fondo, muy en el fondo, pensaban que era una invención de los dos para llevárselos a ellos como cuando eran pequeños.

Cuando Aurelio y Jesús, que así se llaman los hermanos de Andrés, vieron el coche, comenzaron  a dar vueltas alrededor tocándose la barbilla, pensando. Hasta que Jesús dijo:

-El motor está algo oxidado y le faltan algunas piezas, pero en mi taller, creo que las podré conseguir. Yo me encargo de las ruedas y del motor. ¿Qué os parece?

-Sí, sí- contestaron Andrés y David.

Aurelio, que aún no había dicho nada, dijo:


-En esta semana, voy a diseñar la carrocería del coche. Le pondremos un ordenador de a bordo y todo lo que le podamos instalar para que corra mucho y sea seguro ¿os gusta la idea?

-Sí, sí, sí- volvieron a responder los dos sin salir de su asombro.

David estaba muy sorprendido con sus primos mayores, porque Aurelio, era un experto en altas tecnologías. Conocía todo lo relacionado con ordenadores, y Jesús, que era camionero, tenía su propio taller mecánico con  cosas muy modernas.

Entre Aurelio y Jesús levantaron un poco el coche haciendo palanca con un gato que llevaban en el coche y colocaron las ruedas que había traído Andrés provisionalmente.
Para que no les riñeran sus padres, decidieron contárselo todo, y llevaron el coche al taller de Jesús.

Cada día, después del colegio y de hacer los deberes, se acercaban a ver el coche, pero no podían hacerle nada hasta que llegara Aurelio y Jesús el viernes, entonces, nada más llegar, todos se ponían manos a la obra.

Poco a poco iba tomando forma ese coche de carreras, cada fin de semana lo dedicaban casi por completo a su arreglo.
No querían que nadie, excepto ellos cuatro, viera el coche.

Una tarde, mientras montaban algunas piezas, Aurelio y Jesús oyeron a David y Andrés hablar sobre cómo les gustaría que estuviera pintado el coche. Querían que tuviera un alerón detrás, y en las puertas, un dibujo de un rayo enorme, con ruedas gruesas como los coches de fórmula 1 y el volante de cuero negro igual que los asientos. Así era el coche de sus sueños.
Aprovechando la excursión escolar que tuvieron Andrés y David con sus respectivas clases durante un fin de semana, Aurelio y Jesús se pusieron manos a la obra.

Primero pintaron el coche de color negro brillante. Después, montaron los asientos de cuero, y cuando la pintura estuvo seca del todo, le dibujaron en las puertas laterales delanteras, y en el capó, un gran rayo de color blanco brillante con el filo en rojo y naranja como el fuego. Los cristales se los tintaron en negro excepto el delantero.

Fueron dos días agotadores con mucho trabajo, pero el esfuerzo, realmente  mereció la pena. El coche quedó espectacular, era más impresionante que el coche fantástico.
Aurelio y Jesús estaban llenos de grasa y de pintura, pero no les importó, sólo pensaban en la cara que pondrían Andrés y David cuando vieran su coche de carreras.

Le instalaron hasta un mini ordenador que ya no utilizaba Aurelio con gps, indicador de averías. Estaban deseando que volvieran de la excursión y vieran el coche terminado.

Las madres y padres estaban todos esperando la llegada del autobús. Aurelio y Jesús, a la puerta del taller lleno aún de grasa. Andrés y David, venían sentados juntos y decían:

-¿Le habrán hecho algo más al coche?

-No lo sé,  pero creo que sí. Conozco bien a mis hermanos y creo que alguna sorpresa nos tendrán preparada.
-¿Sí? ¿Cómo cuál?

-Pues que hayan quitado lo oxidado y puesto asientos de otro coche por ejemplo.

-¡Mira, ya estamos llegando!-dijo entusiasmado David.

Besos, abrazos y achuchones se sucedieron en el momento que bajaron del autobús. Dejaron sus mochilas y equipajes junto a sus padres y corrieron al encuentro del coche.

-¡Andrés, David! ¿Dónde vais- les gritaban sus madres.

-¡Ahora volvemos!- y seguían corriendo sin parar.

Con la respiración entrecortada por la carrera, llegaron al taller y en la puerta, allí seguían Aurelio y Jesús con el mono lleno de arriba  a abajo de grasa y lo que solo le veía impecable era los dientes blancos tras una enorrrrrme sonrisa.

Se abrazaron y dijeron:
-¡Venga, enséñanos el coche! ¿Le habéis hecho algo? ¿Lo habéis podido arreglar? ¿Tiene las ruedas nuevas? ¿Tiene…-

-¡Parad, parad!, tranquilos jajajajaja. Contestaremos a toooodas vuestras preguntas. Pero antes tenemos que deciros una cosa-dijo Aurelio , poniendo una cara muy seria.

-¿Qué? ¿Qué  pasa? Venga decidnos ya de una vez.

-Bueno… es que.. la verdad es que…

Y poniéndose cada uno al lado de la puerta del taller, las fueron abriendo poco a poco. Las caras de Andrés y David eran un auténtico poema. Los ojos parecían que se les iba a salir de las órbitas. El corazón, desbocado como una manada de caballos salvajes, y cuando se abrieron por fin las puertas… allí estaba.

-¿Ése es nuestro coche? ¿De verdad? … ¡Qué cocheee!!!-decían los dos asombrados.

-Sí, es vuestro coche. Con todas las piezas nuevas. Venid y lo veis-les dijo Jesús.

-Y para que veáis la diferencia, mirad estas fotos que le hicimos cuando trajimos aquella tarde el coche al taller-puntualizó Aurelio.

Al acercarse, reconocieron bajo toda la pintura y accesorios a aquel coche que se encontraron en el bosque.


-¡Es alucinanteee!!! ¿Podemos probarlo?- preguntó Andrés.

-No sé, no sé, eso de probarlo… no creo que os guste el sabor-le dijo Aurelio entre bromas.

-¡Pero si no lo queremos probar de comer si no probar subiendo en el!!-le dijo David.

Aurelio y Jesús, haciéndose los disimulados dijeron:

-¡Ahhhh, era eso!!! Vale, subid los dos y vamos a “probar” el coche jajaja-les dijo Jesús entre risas.

El recorrido que hicieron fue por las carreteras difíciles de la sierra, el camino de Linares y Santa Ana la Real, etc…

Andrés y David seguían asombrados al ir descubriendo todo lo que tenía instalado el coche. El motor tenía un sonido fuerte, como un rugido de león.

Jesús era el que conducía, para eso era el mecánico y el que mas entendía de coches. Aurelio, supervisaba el ordenador, el gps, comprobando todos los datos que en él se reflejaban, para eso era el experto en ordenadores. Además, el coche ¡hablaba! Aurelio había creado un coche inteligente y al que le pusieron por nombre CIAD, que quería decir, Coche Inteligente de Andrés y David.

Aurelio y Jesús eran los mejores del mundo en lo que sabían hacer, al menos, para Andrés y David.

Cuando regresaron a casa, no pararon de hablar contándoles a sus padres todo lo que habían hecho y por todos los lugares que habían pasado, hasta que les tuvieron que mandar a callar.

-Tranquilos, tranquilos-les dijo Aurelio-. Parad un momento. Sentaos, que tenemos que daros una noticia.

Andrés y David se sentaron tan rápido, que al hacerlo, no calcularon bien donde estaba el sillón y se cayeron de culo. Los que allí estaban, comenzaron a reírse tanto, tanto, que a los dos se les puso la cara roja como un tomate, pero al final, también acabaron riendo a carcajadas.

Aurelio, tomó la palabra y dijo:

-Tranquilos, ¿os ha dolido el culapón?

Ellos negaban con la cabeza sin pronunciar una palabra.

-¿Ya? ¿Podemos contaros la noticia?- les dijo Jesús.

-Síiiiii, dínosla ya.

-Pues la noticia es que, el próximo día 15 de Agosto, , vuestro coche participará en la carrera que se organiza para conocer mejor nuestra sierra.

-¿Quéeeeeee?? ¿Nuestro coche??? ¿Quién lo conducirá? ¿Quién irá de copiloto? ¿Quién podrá ir con él? ¿Quién…-dijo Andrés hasta que le paró su hermano mayor.

-Para, para. Sí vuestro coche. Lo conduciré yo. De copiloto irá Aurelio. Y de pasajeros, ummmm de pasajeros…

-¿Quiénnnn???

-De pasajeros unos que se llaman…

-¿Cómo??? Dilo yaaaa.

-Unos que se llaman Filiberto y Enrique.


_¿Qué?? ¿Y quiénes son esos?-dijo un Andrés muy decepcionado.

-Ahhh noooo, es que Jesús se ha equivocado jajajjaja. Son unos que se llaman…. ¡Andrés y David!!!!

_¿Nosotros? ¿De verdad? ¿No nos engañas?-les preguntó David.

-Sí, sí, y sí. Nos prepararemos cuando vengamos los fines de semana. Pero tan solo con una condición-les dijo Jesús-. Me tenéis que prometer que vais a estudiar mucho y aprobar todo el curso. ¿De acuerdo?

-¿Y si nos quedan dos?-dijo Andrés.

-Entonces no vale-le respondió Aurelio-. La condición es todas aprobadas.

-¡De acuerdo!

El último trimestre se pasó volando, y cada fin de semana, salían con el coche de carreras. Cada fin de semana, Aurelio y Jesús, les preguntaban cómo iban en el colegio.

Acabaron el curso y lo acabaron con muy buenas notas, por lo que los días que quedaban hasta el día de la carrera, podrían entrenar y disfrutar del verano. Pero mientras más se acercaba el día de la carrera, más lento parecía que pasaban las horas, los minutos y los segundos. Hasta que por fín llegó el 15 de Agosto.

Aurelio y Jesús, habían comprado unos trajes protectores para los cuatro iguales y en los cascos, tenían dibujado el mismo rayo del coche blanco y con el borde de color del fuego.
 La salida era desde Alájar,  y de allí a Fuenteheridos, Los Marines, Aracena, Linares, y finalmente la llegada en el mismo lugar de partida.
Cuando pasaron por Los Marines, allí estaban todos: padres, madres, abuelos, abuelas, titos, titas, primos, primas, amigos…
Todos esperando que pasaran con el coche de carreras. Y nada más pasar, se fueron por el camino contrario hasta Alájar para ver la llegada.

Los nervios a flor de piel, a lo lejos, se oían rugidos de motores. Asomaron por la curva los primeros vehículos de la carrera. Aún no lo distinguían bien. Pero al acercarse a la meta, vieron que el que iba en primer lugar era el coche de Andrés y David.

El ruido era ensordecedor, pero aún eran más fuerte el sonido de los aplausos de todos los presentes que recibían a los ganadores.

Estaban agotados, habían sido tantas las emociones, que al recogerles sus padres, en el camino de vuelta a casa, se quedaron dormidos en el coche.

Cuando llegaron a Los Marines, prepararon una gran cena para todos los protagonistas y su
s familias. La mesa era enorme, y presidiéndola, estaba la copa del triunfo de la carrera, custodiado a ambos lados por Andrés y David.

Una vez más, se demuestra que los sueños, pueden hacerse realidad. Y aquel verano, los amigos y primos Andrés y David, nunca lo olvidarían por las cosas que vivieron en él.

FIN











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