sábado, 13 de agosto de 2016

ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO
CAPÍTULO -II-

UN COLEGIO FANTASMA

 Al lado del Aula de Música, había una cancela de entrada al recinto del colegio abandonado. Aparcaron sus bicis, sujetándolas todas con una cadena y un candado a uno de los barrotes de hierro de la misma.
 Encima de la cancela, con letras de hierro forjado había un nombre que decía: COLEGIO DE LAS TRES CARABELAS.
El nombre venía a referirse a las tres carabelas con las que navegó el aventurero genovés Cristóbal Colón para descubrir América, pero donde estaba colocado, más bien parecía referirse a tres “calaveras”, por lo abandonado y siniestro del lugar, pues en ningún lado había dibujado barcos o alguna otra figura que indicara con claridad a qué se refería exactamente.
 El candado de la cancela estaba roto. La empujaron con cuidado y entraron por ella sin dificultad.
Había un camino y, a ambos lados, plantas silvestres y árboles a los que les hacía falta una buena poda para que recobraran su esplendor. Tenía un poco de pendiente, pero no demasiada por lo que no era difícil subir por allí. Comenzaron a andar por los alrededores del colegio.
-Por aquí hace tiempo que no pasa nadie. Esto está demasiado abandonado.-dijo Andrés.
Caminaban en silencio, observando todo lo que le rodeaban.

La fachada principal, estaba llena de grafitis. Los cinco, habían visto muchos grafitis en las ciudades, adornando fachadas, contenedores, escaparates, muros. Grafitis representando paisajes, personas, animales, plantas…Dibujos maravillosos y espectaculares, pero los de este colegio fantasma, eran diferentes, no eran de muy buen gusto, ni representaba cosas bonitas y agradables.
Andrés, hablando entre susurros, dijo gesticulando mucho para asustar a sus amigos:
-Quizás… sea un colegio ¡ennnnncannnnnntaaaaaado! Uhhhhhhhhhh.
 - ¿Encantado? No digas eso ni en broma-le contestó Guillermo algo asustado.
- ¡Vayamos a investigar! - apuntó Roberto.
- ¿A investigar? ¡Tú estás loco o qué. ¿No ves que está todo roto? ¿Y si nos caemos por un agujero? ¿Y si no nos encuentra nadie? ¿Y si hay un vagabundo o un ladrón escondido? ¿Y si…? -dijo Jorge.
-Shhhhhhhhhhhhhhh! Mejor será que no entremos. ¡Rodeemos el colegio y sigamos hacia El Castillo, valientes! -le dijo Andrés tapándole la boca con la mano a Jorge para que dejara de hacer tantas preguntas.
-Si…si…si…si…dededemomomomos ununun rorodedeoo-replicó Manuel, castañeteándole los dientes.
Pero cuando decidieron seguir por otro camino, Andrés ya había entrado en el colegio.
- ¡Tíos, venga, venid todos! ¡Esto es impresionante! ¡Vamos!
Titubearon un poco, pero al fin se decidieron, y fueron tras los pasos de Andrés.
La entrada al colegio, era bastante complicada, porque el suelo estaba lleno de escombros. Con mucho cuidado, pasaron uno tras otro por encima.


Tras lo que se suponía era la puerta principal, se divisó un espacio amplio, con un tragaluz de cristal en el techo, aunque algunos de esos cristales estaban rotos.
 A los lados, había una escalera sin barandilla que llevaba a la parte superior. Las paredes, al igual que la fachada principal, estaban llenas de pintadas.

 Ascendieron muy despacio, uno tras otro, cada uno de los derruidos peldaños hasta llegar a un pasillo estrecho sin barandilla.
Al mirar hacia abajo, se veía con claridad el desastre que habían ocasionado los desalmados que utilizaban aquel edificio como centro de operaciones para causas nada buenas.
El pasillo sin barandilla de la primera planta era tan estrecho que para pasar sobre él, iban caminando con el cuerpo pegado a la pared.
-Tíos, vámonos ya, que esto me da un poco de miedo-dijo Guillermo. -No me gustan las alturas.
-Sí, será mejor volver sobre nuestros pasos y bajar-comentó Manuel.
-Ok. Bajad con cuidado. Lo seguiremos intentando otro día. Se está haciendo de noche, y tengo que llegar a casa antes de que se enciendan las farolas- dijo Andrés.
- ¡Yo no pienso volver a entrar en ese colegio ni por todo el oro del mundo! Vaya miedo he pasado tíos-dijo Guillermo.
 Al salir por la misma cancela oxidada que entraron, recogieron sus bicis y quedaron para regresar a la mañana siguiente aprovechando que era sábado y así, tener más tiempo para investigar.
- ¡Eh! ¿A qué hora quedamos mañana? -preguntó Jorge.
-A las once está bien. Por lo pronto, debemos descansar y dormir bien para la aventura que se nos presenta-les dijo Andrés.

Continuará...












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