Andrés en: El caso del esqueleto de gato...
-IV-
EL MENSAJE AMENAZADOR
Aún no había salido el sol y Andrés ya estaba preparado, vestido
con sus botas y pantalones largos para no arañarse las piernas como le sucedió
el día anterior, su gorra, sus guantes de ciclista, sobre todo por si tenían
que partir alguna rama…Sí, esta vez, estaba preparado.
Cuando sus padres llegaron a la cocina él ya estaba desayunando.
Sorprendidos y extrañados le preguntaron:
- ¿Qué haces tan temprano levantado? Es domingo y podías
aprovechar para levantarte tarde.-Vieron la mochila preparada-¿Y esa mochila?
¿Dónde vas?
-Papá, mamá, es que hoy hemos quedado los de siempre para ir de
excursión por el pueblo. No os preocupéis de verdad, que no vamos a ningún
sitio malo ni peligroso.
Pero Andrés, que no le salía mentir les continuó contando:
-Es que ayer vimos el esqueleto de un gato con la cabeza
agujereada y queremos investigar quien ha podido hacer algo así. Tú me dejas
¿verdad papá?
Y puso esa cara que se les pone a los padres cuando quieres que te
dejen hacer algo, y como es natural, los padres no pudieron resistirse y le
dejaron ir. Pero le dejaron porque Andrés nunca nunca nunca mentía, siempre les
decía la verdad y eso a sus padres les gustaba mucho y les daba confianza.
Quedaron en verse en el Aula de Música porque ese lugar estaba
junto al colegio de Las Tres Carabelas. Cuando llegó Andrés al punto de
encuentro, Guillermo y Roberto ya estaban allí. Se saludaron y comenzaron a
revisar las mochilas para ver lo que cada uno llevaba en ella.
-Tío, cuando mi madre vaya a tender la ropa y no vea el cordel,
verás la que me lía-les contó Andrés.
- ¿Y cómo te has traído el cordel de la ropa? ¿Es que no tenías
otra cuerda, aunque fuera más fina? -le dijo Guillermo.
-No, era la única que podía conseguir. Cuando vuelva se lo daré y
ya está.
Mientras tanto, llegaron Manuel y Jorge e hicieron lo mismo: sacar
lo que traían en las mochilas.
-Nosotros hemos traído manzanas y galletas-dijo Roberto.
-Estupendo, yo varios sándwich y galletas también-apuntó Manuel.
-Yo, zumos y galletas-apuntó Jorge.
- ¡Vaya!, Todos hemos traído galletas. Yo también. Y mirad, cada
uno, pensado en los demás, hemos traído más cosas de comer. ¡Menudo banquete
nos vamos a dar! Jajajajaja.
Volvieron a recoger cada uno lo que traía en la mochila y se
pusieron en marcha.
Todos dispuestos para la gran aventura, escondieron las bicis en
el mismo lugar que el día anterior, abrieron la cancela oxidada con mucho
cuidado y el último que pasó la cerró de nuevo.
Ataron la cuerda de la ropa
de la madre de Andrés bien fuerte al árbol que estaba en la entrada
y…comenzaron a subir la cuesta que iba hacia el castillo. Atrás dejaron el colegio
abandonado. Hoy no entrarían, hoy, la aventura sería otra.
Por el camino había tantos árboles que, en vez de amanecer, se
diría que estaba anocheciendo. Iban muy muy muy despacio porque se estaban
acercando al mismo lugar en donde se encontraron el esqueleto de gato. Se
miraron unos a otros en silencio, muy en silencio, incluido Guillermo, que
tenía mucho cuidado de no tropezarse con nada y meter la pata de nuevo.
Llegaron… y ¡allí estaba el esqueleto! En el mismo lugar, pero con
otro esqueleto al lado. ¿De qué sería ese esqueleto? ¿De gato? ¿De otro animal?
Se acercaron más aún y comprobaron que efectivamente se trataba de otro
esqueleto de gato, muerto en las mismas circunstancias que el anterior.
Al lado descubrieron unas huellas de pies muy grandes y al lado de
la huella de pies grandes, un trozo de papel. Manuel que estaba más cerca se
agachó para cogerlo. Estaba muy arrugado. Era un papel de color amarillo. Lo
fue desdoblando con sumo cuidado para no romperlo.
Todos estaban pendientes de
las manos de Manuel, que estiraban con
mucho cuidado la bola de papel, y atónito leyó en voz alta:
Sé que fu
is tes tú
Te en con
tra ré
Las seis palabras que estaban en el papel eran de recortes de
periódicos y revistas. Se quedaron mirando la nota fijamente. Simultáneamente,
miraron de nuevo la enorme huella.
Junto a las huellas, había una señal de haber ido arrastrando algo
por el suelo. Esas huellas daban un poco de miedo de grandes que eran.
- ¡Uauuuu, de quien sean estas huellas tiene que ser enorme! -dijo
Manuel asombrado.
-Qué hacemos: seguimos adelante o nos volvemos-preguntó Andrés.
-Sigamos adelante-dijeron todos, todos menos Jorge que le estaban
castañeteando los dientes del susto que tenía.
- ¡Síiiiiiiiiiiiii! -les dijo Roberto.
Andrés al ver a Jorge tan asustado, los calmó y les dijo:
-Mejor será que lo sometamos a votación ¿vale?
-Valeeeee-contestaron todos a la vez.
La votación fue a pares o nones. Si salía pares, seguirían
investigando. Si salía nones, regresaban a casa.
-Una, dos y tres ¡ya! -dijo
Andrés y comenzó a contar-. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho,
nueve, diez, once y doce. Ha salido pares. ¡Seguimos investigando!
-Tranquilo Jorge, no nos va a suceder nada. Si vemos peligro, nos
volvemos. ¿Trato hecho?
-Trato hecho. Sigamos adelante. Estoy bien- le respondió Jorge decidido.
Continuará...
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