miércoles, 24 de agosto de 2016


ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO
-III-

EL ESQUELETO

Eran las once de la mañana cuando volvieron a encontrarse el club de los cinco.
-Hoy iremos al Castillo ¿no? Al final ayer no pudimos ir y yo no quiero volver a ese colegio. -dijo Manuel-. He tenido pesadillas esta noche, soñándome con el colegio fantasma.

Iban hacia el castillo, dejando a un lado el colegio de las Tres Carabelas, cuando, en medio del camino vieron un esqueleto. Se acercaron despacio, muyyy Cuanto más cerca estaban de él, más se daban cuenta de que aquel pobre animal había sido en sus mejores tiempos un gato.
Sí, un gato, un gato que había muerto a pedradas con un tirachinas seguramente, viendo lo profundos que eran los agujeros que tenía en el cráneo el pobre y difunto animal.

- ¿Quién podría hacer algo así? -dijo Roberto.
- ¡Menudo animal tiene que ser! -le contestó Manuel.
-Como encontremos al que lo ha hecho, se va a enterar-replicó Guillermo.
 -Sí, le vamos a dar una buena paliza-dijo Jorge haciendo el gesto con los puños cerrados.
-No seas bruto, ni paliza ni nada.  Si conseguimos cogerlo, lo haremos hablar. Tendrá que darnos una explicación, después ya veremos lo que tenemos que hacer. ¿De acuerdo? -dijo Andrés.
- ¡De acuerdo! -respondieron todos a la vez. Y al igual que los tres mosqueteros unieron sus manos.

Esa era su señal, la señal del grupo. Cuando estaban todos de acuerdo en algo o decidían algo importante, unían todos sus manos.
Siguieron por el sendero que separaba la espesa vegetación que había junto al colegio abandonado. Por un lateral, vieron que la hierba estaba aplastada, les extrañó y decidieron seguir por ese camino de hierba pisoteada.

_ ¿Quién habrá pasado por aquí? -preguntó Guillermo.
-No lo sé. Quizás…se trate…del…ASESINO DE GATOSSSSSS-dijo Andrés para darle emoción a la aventura.
-Ahhhhhhhh ¿quieres dejar de hacer eso? ¡Se me está poniendo la carne de gallina tío! -le recriminó Manuel muy asustado.

Andaban con mucho cuidado para hacer el menor ruido posible, pero no hubo forma; Guillermo pisó una rama seca que estaba en el suelo y sonó bastante fuerte. Se giraron hacia él y le dijeron:
-Chhhhhhhhhhhhh! ¿no ves que haces mucho ruido? ¡Ten mas cuidado hombre!
 -Vale, vale, no hace falta que os pongáis así-les contestó Guillermo algo enfadado.
Andrés, al que no le gustaba ver a sus amigos enfadados, les dijo para tranquilizarles:
-Venga no os pongáis así, lo importante es que estamos juntos en esto, y que juntos vamos a averiguar quién ha pasado por aquí, que quizás sea el mismo que ha matado al gato.

Todos asintieron con la cabeza, y siguieron andando.
Al desviarse del camino central, decidieron poner una señal por donde iban pasando, dejando alguna prenda de ropa de las que llevaban puestas atada a un árbol cada pocos metros para después encontrar fácilmente el camino de vuelta.
Anduvieron un largo camino, pero les comenzó a sonar la tripa, y esa era la señal inequívoca de que era ya la hora de almorzar. Decidieron regresar por el mismo camino en el que dejaron las señales, llegar a casa, comer, y volver al día siguiente para seguir investigando.
Roberto, el mayor de todos les dijo:

-Tengo una idea. Haremos como los exploradores, prepararemos algunas cosas para la expedición.
- ¿Qué cosas? -dijo Jorge algo extrañado-. ¡Ni que fuéramos al fin del mundo hombre!
-Cosas como agua…unos prismáticos…una linterna…
-Una cuerda…comida…-siguió diciendo Andrés.
- ¿Una cuerda para qué? -preguntó Manuel.
-Para qué va a ser hombre, para ponerlo como señales que nos sirva en el camino de vuelta, como hemos hecho con la ropa, ¿o es que quieres quedarte otra vez en calzoncillos?

La escena era muy divertida, pues no se habían dado cuenta de cómo estaban hasta que decidieron volver a casa. Se miraron unos a otros y comenzaron a reírse. Sin darse cuenta, habían acabado en calzoncillos y con los botines, porque el resto de la ropa lo tendrían que recoger en el camino de vuelta, desatándolo de las ramas por donde lo habían dejado al pasar.

- ¿Os imagináis si nos vieran las chicas de clase así? -dijo Manuel y siguieron riendo.

Un rato más tarde se despidieron y decidieron no contarle a nadie su aventura.
Cada uno se marchó a su casa y aguantaron sin protestar la pequeña riña de sus padres por llegar un poco mas tarde de su hora habitual. Y para que no se enfadaran ni les castigaran por ello, decidieron portarse muy muy  muy bien; haciendo todo lo  que les mandaran  sin protestar.
Lo primero que hicieron fue ducharse sin que sus madres tuvieran que recordárselo; ayudar a poner la mesa para el almuerzo y recogerla cuando terminaron.
La tarde la pasaron tranquilamente en el barrio, jugando al fútbol y comentando las cosas que llevarían cada uno para la expedición del día siguiente.
Los padres de Andrés se extrañaron mucho al no tener que reñirle para ir a la cama esa noche, pero no le dieron la mayor importancia. Aunque en el fondo, su madre, que para eso es madre, se preguntaba: ¿Qué estará tramando este niño?
 Andrés estaba tan nervioso que no podía conciliar el sueño, pensando todo el tiempo en la aventura del día siguiente y en las cosas que tenía que preparar para el viaje al “MUNDO DESCONOCIDO”.
A escondidas y sin hacer ruido, cogió la mochila y en ella guardó una linterna, el cordel con el que su madre tendía la ropa, galletas de chocolate (sus preferidas) un paquete grande para después compartirla con sus amigos, y agua, una botella grande que había metido en el congelador la noche anterior, para mantener el agua fresca todo el día.

Continuará...


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