jueves, 27 de octubre de 2016


DEL LIBRO: 

LA SONRISA DE SARA MAR.



CAPÍTULO 1
LA DOCTORA SARA


-Doctora, ¿está preparada?-le preguntó la enfermera que la iba a acompañar en su primer día de trabajo como Doctora.

Respiró hondo, cargando bien los pulmones de oxígeno, soltó el aire muyyyyy despacio y suspirando dijo:

-Lo estoy.

Antes de comenzar el recorrido, se terminó de abotonar su bata nueva que estrenaba para esta ocasión tan especial. Era de un blanco impoluto. Recolocó sus broches preferidos, los mismos que le habían hecho los niños cuando aún estaba en prácticas, volvió a respirar hondo, y siguió su camino.

Era su primer día de trabajo como Doctora en la planta de oncología del Hospital. Pero para ella, no era el primer día que pisaba ese Hospital, ni esa planta, ni esa ala, llevaba pasando por esos mismos pasillos y por las mismas salas desde hacía ya muchos, muchos años, quizás demasiados.

El ala de Oncología había cambiado, ya no era como ella lo recordaba. Habían reformado todo el mobiliario y la decoración. El ambiente era tan agradable, que  te hacía olvidar por un instante, el porqué estabas allí.

Las paredes del primer pasillo antes de entrar en el ala de Oncología, eran de color celeste claro compaginándolo con celeste oscuro, y en ellas, colgaban hermosos cuadros con fotografías en blanco y negro, otras a color, cuyos protagonistas eran niños y niñas, solos o acompañados, pero todos en un entorno natural maravilloso.

Había una foto de un niño, que, apoyado en la puerta de madera de una  vieja casa hecha de piedra de un pueblo, miraba embelesado como caminaba por delante una hermosa niña con un sombrero veraniego adornado con flores  que, coqueteando, se enredaba un mechón de cabello en los dedos mirando de reojo hacia él. A otro lado, había un foto que irradiaba luz, era de unos niños  que, sentados en un embarcadero de madera, jugaban en el  borde de un riachuelo con el agua, salpicándose unos a otros, y el sol que se reflejaba en el agua hacía brillar como pequeñas luces las gotas y eran tan reales, que hasta parecían de verdad.

Eran tan reales las fotos, que uno mismo era partícipe de esa aventura en el campo y en la naturaleza con aquellos niños.

Las  paredes del segundo pasillo, el que indicaba hacia donde te dirigías, también estaba pintada a rallas de celeste claro y oscuro, pero los cuadros esta vez eran diferentes, eran alegres imágenes Disney donde Mickey y Minnie bailaban bajo la mirada atenta de su inseparable amigo Pluto, que meneando la cola, estaba a punto de caer una pecera de cristal que se encontraba encima de la mesa. Un poquito más adelante, el Pato Donald trataba de esconder un tesoro, mientras que sus sobrinos, le intentaban dar alcance. Esos alegres dibujos, estaban dando una pista clara de la edad de los niños que allí se encontraban, era en PEDIATRÍA.

A pesar de su limpieza, se veía en los presentes un ambiente serio, de preocupación, son muchas las ocasiones que, como padres, han vivido esta situación, pero a pesar de ello, nunca llegan a acostumbrarse.
 Los sillones eran cómodos, quizás para hacer más llevadera la espera.

Sara vio a una madre joven, con la mirada perdida en ningún punto concreto. Su hijo, un bebé de muy pocos meses, está en la UCI. Está sola. Quizás su marido esté trabajando y no pueda acompañar a su mujer y a su hijo en tan delicados momentos.

Sara, volvió a respirar hondo, agarró el pomo de la puerta, lo giró, la empujó y entró en la sala de Oncología.

-Buenos días chicos. Soy la Doctora Sara. ¿Qué tal estáis?

Los niños, al verla aparecer, se quedaron boquiabiertos, uno de ellos estaba tan asombrado al verla, que no pudo remediar decir:

-Anda, ¡si parece Robocop!

-¡No seas bruto hombre!-le recriminó otro paciente.

Los niños estaban acostumbrados a ver a otros niños con aparatos, sin cabello, con problemas difíciles, pero nunca habían visto a una persona mayor con un aparato como los que utilizaban algunos de ellos.

-Pues no, no soy Robocop, aunque lo parezca ¡jajá jajá! Estos aparatos que llevo, los necesito para caminar y para que mi vida sea algo más fácil.

-¡Vaya! ¿Y no te duelen esos hierros?-le preguntó una  pequeña llamada Isabela.

-No, son por fuera…como un molde-le dijo la Doctora.

-Pero el molde que yo conozco es en el que hace mi madre los bizcochos-contestó otro de los niños.

-Exactamente. Tu madre coge la masa del bizcocho, lo pone en un molde para que, cuando lo meta en el horno esa masa del bizcocho, no se derrame por todos los lados ni se rompa, sino que tenga su forma y se haga correctamente.

-Entonces, ¿ahora tienes que meter las piernas en un horno grande?-dijo la pequeña Isabela.

-¡Noooooo!-contestó a carcajadas Sara -.Es solo para que los huesos de mis piernas no se vayan de su lugar. Para que mis huesos estén protegidos.

-Pero, ¿por qué tienes en las piernas esos aparatos?-le preguntó  Alex, el osado niño que le dijo que se parecía a Robocop.

-¿Queréis que os cuente por qué estoy así?

-Siiiiiiiii-dijeron todos.

-Pues mirad. Porque nací con una enfermedad llamada NEUROFIBROMATOSIS. Es un nombre muy difícil. Pero os lo explicaré mañana, cuando vuelva a visitaros. Hoy, solamente he venido para conoceros y para que vosotros me conozcáis a mí. Ahora, os tengo que dejar.

-¿Yaaaaaaaaaa?-le preguntó Isabela-. ¡Si sólo has estado un ratito chico chico!

-Sólo por hoy. Os dejo sólo por hoy. Mañana, vendré de nuevo. Ahora tengo que seguir viendo a más niños como vosotros.

Se sentía fatigada, demasiadas emociones para el primer día. Demasiados recuerdos que revoloteaban en su mente como mariposas.
 Se dirigió a la sala de descanso de los médicos, se acomodó en el sillón, cerró los ojos y comenzó a recordar su vida.




Uno de mis primeros cuentos que escribí y que no ha salido a la luz.
 Tiene fallos, pero lo hice antes de publicar ninguno ni de formarme como aprendiz de escritora. 
Espero que os guste.
Lo escribí para la Semana Santa infantil el 19-04-2010, con todo mi cariño y admiración por aquellos pequeños de Aracena( y algunos de alrededores), que con tanto entusiasmo y respeto, representaban cada paso de su localidad.


LA SEMANA SANTA CHICA



     Sobre la puerta había un cartel luminoso que anunciaba: INMOBILIARIA.

 Pero al entrar, te dabas cuenta de que algo sucedía allí, pues no tenía el aspecto de ser una oficina en donde iba la gente para comprar o vender casas.

Se veían unas mesas de oficina con ordenadores, unos sillones, pero todo revuelto.
El causante de este desorden era Manuel, un niño de seis años, rubio, con unos grandes ojos color castaño, y una  gran sonrisa tras  la que se veían unos dientes mellados hijo del dueño de la inmobiliaria, que, desde hacía días, no paraba de insistir y convencer a su padre para que le hiciera un paso chico y participar en la Semana Santa infantil.

-Venga papá. Pero ¿qué te cuesta? ¿Eh?

-Manuel, no seas pesado, que tengo que trabajar. ¡Anda y vete a jugar con tus amigos!

Pero al momento volvía a las andadas y le repetía:

-Papá, lo vamos ha hacer ¿verdad?

Tanto, pero tanto insistió, que su padre, al final…accedió.

Por ese motivo estaba la oficina así, toda revuelta, porque durante una semana, la inmobiliaria se había trasformado en la casa Hdad. De Cantarrana, cuyos miembros, se citaban allí mismo para ensayar.

Milagros, la madre de Manuel, se encargó de llamar por teléfono a las madres de  los amigos de su hijo, para que pudieran participar en el paso. El que iban a hacer era el que sale en la madrugada del jueves al viernes Santo, el de Nuestro Padre Jesús.

Manolo,  se encargó de comprar y hacer el armazón del paso. Eran cuatro patas de hierro, con un tablero de madera encima y sus dos trabajaderas para cuatro costaleros.

      
 Era el primer día de ensayo. Allí estaban todos, a las seis en punto de la tarde, (una hora muy taurina), puntual y preparados para comenzar los
ensayos, aunque al principio, ni siquiera sabían de qué iban a salir.

Entonces, Manolo les dijo:

-¿Venís dispuestos a trabajar?

Y todos asintieron con la cabeza al mismo tiempo, como si se hubieran puesto de acuerdo.

-Vale-continuó diciendo-Entonces, os diré de qué vais a salir en el paso. Manuel, tú irás de capataz, porque eres el que ha tenido la idea. Andrés, tú, junto con Jorge, Curro, Javi y Carlos, seréis los costaleros.
                                                                                             
Era  difícil explicarles las cosas, porque no paraban de hablar y corretear de un lado para otro. Entre medio de tanto alboroto, no se dieron cuenta de lo que le estaba  sucediendo a Curro.

Estaba  algo triste y enfadado, con los brazos cruzados, en un rincón de la habitación.

 Al darse todos cuenta, le preguntaron:


-¿Qué te pasa? ¿Por qué te has puesto así? ¿Es que no te gusta la idea?- y le zarandeaban por los brazos para animarle.

-¿Qué qué me pasa? ¿Que qué me pasa? ¡Me pasa que no puedo estar el día que tiene que salir el paso! ¡Eso me pasa!

-¿Cómo que no?-le preguntó Manolo.

-¡Como que no! Es que mis padres me llevan… ¡a la fuerza! a la comunión de un primo en Sevilla. ¡Y tengo que ir!-y seguía enfadado, volviéndose a cruzar de brazos.

-Bueno, no te preocupes, tú ensayas y ya está. Al menos, durante unos días te lo pasarías bien ¿no?-dijo Andrés.

Los mellis también le animaron al igual que Jorge, y al poco ratito, ya se le pasó el enfado.

Durante los días de ensayo, como Manolo no podía dejar la oficina cerrada del todo, contaron con la ayuda de Jesús, el hermano de Andrés. Era grande, de un metro ochenta más o menos, y al lado de los pequeños, parecía un jugador de baloncesto de los que salen en la tele, ¡y eso que sólo tenía quince años!

-¡Andaaaa, qué grandeeee!- decían mirándole de arriba abajo.

Jesús era un gran apasionado de la Semana Santa y accedió a ayudarles. Todos le hacían caso. Pero a la hora de hacerles el costal, cuando acababa de montar el último, tenía que empezar otra vez por el primero, pues jugando y probándoselos, se les quitaba, teniéndolos que hacer de nuevo, todos los costales, y así durante un buen rato entre risas y nervios.


Fueron cinco los días que estuvieron ensayando. Cinco días en los que no había que reñirles para que hicieran los deberes, pues los terminaban rápido para poderse ir a la casa Hdad. Cinco días, en los que les podías pedir cualquier cosa, que te lo hacían sin protestar con tal de no perderse el ensayo.

El día antes de la Semana Santa chica, por la tarde, la inmobiliaria parecía un hormiguero. Personas que iban de un lado a otro haciendo cosas. Estaban todos los padres y madres de la cuadrilla, dando los últimos retoques.

    De los respiraderos se encargaron los padres. Las madres, de poner las flores y adornos, las colgaduras que ya habían cosido en los días anteriores, de color morado. El Cristo y el Cirineo sobre el paso, con sus velas.

            Era agradable ver la situación: padres, madres e hijos participando y haciendo cosas en el paso.
                                                                      
             La verdad es que, los padres, disfrutaron igual o más que los niños. Esa tarde acabaron de prepararlo todo ya bien entrada la noche. Estaban muy nerviosos…Mañana sería el gran día…Mañana sería la prueba final.

    Se acostaron, sin protestar, y antes de que sus madres les cerraran las puertas del dormitorio, ya estaban dormidos.
   
            Amaneció por fin, la noche se había hecho larga con la espera, pero por fin amaneció, con cielo nublado y algo fresco, un día más propio de otoño que de plena primavera.

            En las casas de los participantes, estaban todas las cosas listas. Los costales, la ropa, el traje…
Y llegó el momento esperado.  Los nervios a flor de piel.
 
   La hora acordada para encontrarse eran las diez y media de la mañana. El cielo seguía nublado. Durante la noche, no había parado de llover en todo el tiempo, pero al menos ahora, no llovía, aunque, por si acaso, los padres tenían los paraguas preparados.

    Llegaron a la vez a la inmobiliaria Andrés y su hermano Jesús con sus padres,

Jorge, con sus padres y su hermana Paula, que también iba a participar vestida de nazarena.

Al ver a  Andrés y Jorge vestidos iguales, su madre les dijo:

-¡Anda, si parecéis gemelos!

-Es verdad, vamos vestidos igualitos-dijo Andrés.

Y comenzaron a reírse.
    
 Al momento, llegó  Manolo con Manuel, vestido de capataz, todo de azul. Con corbata y incluida, incluso llevaba gomina en el pelo como los mayores, y una medalla de la Hermandad al cuello.

Detrás, su madre con su hermano Pepe, el pequeño que estaba intranquilo con tanto trajín.
   
  Después los mellis, Carlos y Javi con sus padres, también vestidos de costaleros como Andrés y Jorge.Luego, Jose Luis, al que le acompañó su madre, también vestido de costalero suplente.

    Poco a poco, fueron incorporándose los demás participantes de la cofradía.

Llegó Carlos, el capataz trasero, un pequeño, alegre y divertido, también con su corbata y bien arreglado, acompañado por su padre.

 Eran las once de la mañana, y aún faltaban componentes. Los nervios iban en aumento, las niñas de las mantillas aún no llegaban, los que llevaban los faroles, tampoco.

 El piporrero Santi, al que le acompañó su madre, sí estaba preparado con su botijo de barro lleno de agua

-¿Y las niñas? ¡Siempre son iguales, ojú! ¡Siempre tardando en arreglarse!-dijo Javi.

-Como no vengan, nos vamos sin ellas-protestó Carlos.

-Nos vamos ya- dijo Manolo- Es la hora, y no podemos retrasar más la salida.

-Venga, ¡todos preparados! Cada uno a su posición.

¡Costaleros!...

-Siiiiiii

-¡A sus puestos!-les ordenó Jesús.

-¡Cruz de guía ¡

-Si-respondió una voz tímida.

-¡Nazarenos!
                                                                                             
-Siiii-contestó Paula colocándose bien el capirote de nazareno.

-¡Todos preparados!- dijo Manolo.

-¡Todos preparados!-les respondieron todos.

El pistoletazo de salida, fue al tener que pasar por la puerta de la inmoviliaria. Los padres con las cámaras de fotos preparadas, para inmortalizar el gran momento.

La procesión iba ya por la calle. De cada barriada, participaba un paso. El pueblo, por un momento, se había convertido en una representación en miniatura de la Semana Santa grande. Costaleros, capataces. Nazarenos y piporreros. Miembros de la banda de música con sus tambores de juguete. Hasta les acompañaba la figura del Alcalde con su bastón de mando.

            Llevaban unos quince minutos ya en la calle, cuando por fin, llegaron las niñas de mantilla, con sus pequeños bolsos y sus rosarios colgados de la mano, ¡y con sus tacones! No les faltaba un detalle.

-¡Por fin estamos todos!

-¡ya era hora ¡
           
Se oía a la Banda de Cornetas y Tambores ya cerca.  La Hdad. De Cantarrana tenía su entrada en segundo lugar.

Al comienzo del Paseo, un arco por donde tenían que pasar todas las

cofradías participantes, para ver la destreza del capataz al mando, y la obediencia de los costaleros.
                                                                                 
   Los padres,  conteniendo el aliento por la tensión. Manuel, muy en su papel, supo dirigir perfectamente a su cuadrilla por el arco. Todos a una…despacio.




Llevaban el paso por igual. Los nazarenos, la cruz de guía, Santi el piporrero, pegado al paso, para cuando necesitaran agua los costaleros.

Todos representando su papel a la perfección. Recorrieron el pasillo marcado con elegancia y sin protestar, oyéndose solamente la voz de su capataz  que les indicaba: “Derecha alante, izquierda atrás”.


Cuando hacían la parada, que, al ser mas pequeño Manuel que los costaleros, se bajaban un poquito…con disimulo… para que pudiera llegar y dar  el golpe al llamador. Y, para levantarse, les decía:

-Javiiiii

-¡Heyyyyyyyy!

-Todos por igual… ¡A este!

Y de golpe se levantaban al mismo tiempo.

Acababa de entrar el último paso, cuando comenzó a llover, pero a nadie le importó. Esperaban con ansiedad la decisión del jurado.
 
  Ya se habían retirado para deliberar. Jesús, fue uno de ellos, pero él no podía votar a la Hdad que representaba.

La espera se hacía eterna, cuando de pronto, salió el jurado.

    Comenzaron a dar los premios, al principio, se desanimaron porque pensaban que no conseguirían ninguno, pero al instante, dijeron:

-El premio para los mejores costaleros es…para…LA HDAD. DE CANTARRANA!
                                                                                             
    Todos, padres, madres, e hijos comenzaron a aplaudir de alegría. Les dieron un diploma, y algo de dinero.

-¡Dineroooooo!-dijeron saltando de alegría.

-Lo dejaremos para comprar la figura de la Virgen-dijo Manolo- para el próximo año.

Regresaron a la inmoviliaria, para dejar  guardado el paso. Y, cuando todo estuvo recogido, decidieron celebrarlo todos juntos, padres, madres, e hijos, con un estupendo almuerzo. En este día, se  sintieron  realmente los protagonistas de la historia.

Fue un día muyyyyyy feliz para todos, especialmente para los niños.

    Y colorín colorado, esta hermosa historia se ha acabado.
                                                                         

FIN




Este cuento va dedicado a todos los niños que participaron en la Semana Santa chica, a lo padres y  madres, que hicieron realidad el sueño de sus hijos y lo compartieron con ellos.
Con todo el cariño:
África Mª Sánchez

Aracena 19-Abril- 2010
           









ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO

(Último capítulo)
 -XI-
LA GRATITUD DE BERNARDINO

Bernardino había invitado, además de sus amigos y familias, al alcalde, al carpintero, al cristalero, al de la casa de muebles. Todos ellos con sus familias. También a los vecinos y a todos y cada uno de los voluntarios en la reforma para su nueva casa.
Bernardino, como agradecimiento al alcalde y sobre todo a sus nuevos amigos, por las tardes, amenizaba la velada tocando con su trombón hermosas melodías en la placita al lado de su nueva casa.
 Todo el mundo lo aceptó, y todos le respetaron. Bernardino les enseñó que las apariencias engañan. Y les demostró a todos, que más grande que su cuerpo, tenía su corazón. Le propuso al alcalde:
-Manuel, me gustaría poder agradecerle lo que ha hecho por mí, y creo que la mejor manera es haciendo lo que mejor sé, que es tocar el trombón. Si le parece bien, me gustaría enseñar a los niños del pueblo algo de música.
Y el alcalde aceptó encantado.A Bernardino nunca le faltó algo que comer o ropa que ponerse, y él, a cambio, daba clases de solfeo, de trombón y de instrumentos de viento a los niños de la localidad. Los  primeros en apuntarse como es natural, fueron la pandilla de los cinco.
Al cabo de unas semanas, y tras muchas horas y horas tocando y leyendo música, al llegar las fiestas del pueblo, Bernardino preparó un concierto donde participaron sus alumnos. Fue aplaudido y vitoreado, incluso lo intentaron llevar a hombros como a los buenos toreros, pero  al ser tan grande, lo tuvieron que llevar entre varios padres.
Los cinco amigos, los cinco aventureros, disfrutaron de tan especial ocasión, viendo como Bernardino estaba totalmente integrado en el pueblo.
-¿Cuál será la próxima aventura?-dijo Andrés-¿Estáis preparados?
Se miraron, unieron de nuevo sus manos y dijeron:
-¡Preparadoooooooossss!


                                               FIN




lunes, 24 de octubre de 2016

ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO

-X-
LOS MIL Y UN COLORES

A las cinco en punto del viernes, estaban preparados a la puerta de la casa de Bernardino sus mejores amigos con sus familias.
Llamaron a la puerta y les abrió un Bernardino totalmente distinto. Se había afeitado, llevaba ropa nueva aunque era de segunda mano, y el pelo recogido con un coletero.
Al verlo, se quedaron sin palabras.
-Entrad, estáis en vuestra casa-les dijo apartándose a un lado para cederles el paso.
Uno a uno fueron entrando, y a la vez que entraban, la boca se les abría más y más de asombro. El sol daba por completo en el tragaluz, y al retirar la persiana que lo tapaba, los rayos  se reflejaron por cada uno de esos maravillosos cristales de colores, haciendo que la estancia se llenara de cientos de luces de  mil y un colores. 
-¡Vaaaaaaaaaaya es maravilloso!-dijeron todos sin salir aún de su asombro.
Justo debajo del tragaluz, Bernardino había preparado una mesa de las que le regalaron sus vecinos son su mantel de saco, el que puso el día que se conocieron en su cueva, y una gran merienda. Los vasos y platos, los cubiertos y las servilletas,  que también les habían regalado, estaban perfectamente colocados. En el centro de la mesa, en una botella de cristal azul que hacía las veces de florero, había un hermoso ramillete de flores silvestres, las mismas flores que Bernardino tenía en su cueva.
Se sentaron alrededor de la mesa mirando la suculenta comida y Bernardino, llenando los vasos a sus invitados con agua de su arroyo dijo:
-Amigos. Brindemos por todos vosotros. Gracias por haberme aceptado como parte de vuestras familias. Gracias por haber hecho posible que tenga mi propia casa. A todos… ¡Graciasssssss!-y levantando el vaso, brindaron.
La merienda transcurrió con normalidad. Cada uno de ellos, estaban mirando y disfrutando al ver las nuevas cosas que había hecho Bernardino en su nueva casa.
Tras acabar con todo lo que había para merendar, Bernardino cogió su trombón, y sopló con fuerza haciendo sonar una hermosa canción que, al oírla, los padres de sus amigos,  recordaron con añoranza. Era una canción de Julio Iglesias que decía así:
“Siempre hay porqué vivir, porqué luchar.
Al final, las obras quedan las gentes se van.
Otros que llegan la continuarán.
La vida sigue igual”
Los cinco amigos aventureros disfrutaron al ver a sus padres cantando y bailando aquella canción que para ellos, era tan antigua.
Antes de anochecer, se despidieron y cada uno se marchó a su casa.
Había sido una tarde muy intensa, llena de emociones y sorpresas. A Andrés esa noche le costó más de lo normal conciliar el sueño, al igual que sus amigos. Realmente, Bernardino, era una gran persona.
El sábado justo después de almorzar, los cinco aventureros se fueron a visitar a Bernardino y éste al verlos les dijo:
-Venís que ni pintado. Necesito vuestra ayuda.
-Vale, ¿Qué necesitas de nosotros?-le preguntó Roberto.
-Estoy terminando de recoger todo lo de anoche, pero aún me queda un poco y tengo que ir preparando la cita con  los demás vecinos de esta tarde.
-Bernardino, ¿te puedo hacer una pregunta?-le dijo Andrés mientras ya estaba manos a la obra recogiendo cosas.
-Ya la has hecho, pero venga pregúntame otra-le respondió bromeando.
-¿Por qué haces esto? Si invitas a tanta gente…se te pondrá todo sucio…y son muchos. Además. Te quedarás sin comida.
-No importa. Todos me han ayudado, y a todos les tengo que agradecer lo que han hecho por mí. Al carpintero, a los que me han dado muebles…; en fin, a todos tengo que agradecerles algo.
-Lo entendemos. Nosotros nos quedaremos después para ayudarte a recoger-les respondieron los cinco.
Uno cogió la escoba y el recogedor, y barrió. Otro le ayudó a poner de nuevo el mantel y los vasos, platos y cubiertos. Otro, ayudó a Bernardino con la comida. Y en un instante, ya estaba todo dispuesto para recibir a los invitados.

 Continuará...
  

viernes, 21 de octubre de 2016

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EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO

-IX-
UNA INVITACIÓN MUY ESPECIAL

Bernardino citó a todos los del pueblo que le había ayudado con una invitación que él mismo había hecho y que decía así:

"Este Sábado, a las seis de la tarde, les invito a mi nueva casa. No faltéis.
 Os saluda: Bernardino"


Pero a sus amigos no les podía citar a la misma hora ni el mismo día. Para ellos, y para sus padres, tenía que prepararles algo especial. Algo, que les demostrara toda su gratitud  por lo que habían hecho con él. Llamó a casa de Roberto y de Guillermo, y al abrir la puerta, Roberto le dijo:
-¡Pasa Bernardino! Pasa hombre, no te quedes en la puerta.
-No Roberto, tengo prisa. Sólo vengo para decirte a ti, a tu hermano y a tus padres y hermanos, que vengáis mañana a las cinco de la tarde a mi casa. ¿OK?
-Ok, ¿pero qué te pasa?
-Nada, nada. Tengo prisa, que no se te olvide lo de mañana. Adiós.-Y salió corriendo muy deprisa.

-Adiós hombre, adiós.
Se marchó para la casa de Manuel e hizo igual. Los invitó a él y a su familia y se volvió a ir corriendo, esta vez para acercarse a la casa de Jorge, donde hizo exactamente lo mismo que en las anteriores.
Ya algo cansado por tantas carreras, se dirigió hacia la casa de Andrés. Llamó y esperó.
Cuando le abrieron la puerta, Bernardino les invitó igual que a los demás, pero su amigo Andrés no dejó que se fuera con las manos y la barriga vacía. Lo obligó a entrar cosa que hizo Bernardino. En el salón de la casa estaban sus padres.
-Hombre Bernardino, ¿qué te trae por aquí?
-Buenas, venía a invitaros a vengáis ,añana viernes a mi nueva casa. 
-Vale, estaremos encantados de visitarte. La verdad es que nos tienes a todos un poco intrigados con eso de la sorpresa-dijo el padre de Andrés.
-Ven, siéntate, que ahora mismo íbamos a preparar la cena. Quédate con nosotros.
-No, no, no gracias. No tengo hambre.
-¿Cómo que no? Anda, anda que nunca hay que rechazar una invitación a comer.
Y se quedó a cenar. Durante la cena, llegaron los hermanos de Andrés y se unieron al banquete y a la charla con los demás comensales. Hablaron y hablaron sobre todo, del día en que se conocieron, y en lo que les cambió la vida desde ese momento.  Bernardino se relajó y disfrutó de la cena con sus amigos. Sin darse cuenta, la tarde se le pasó volando, como un suspiro. Se hizo de noche, miró su reloj y dijo:
-Bueno, es hora de irme a mi casa nueva. Gracias por todo. Y no olvidéis la cita que tenemos mañana viernes a las cinco de la tarde.
-No las merece. Estás en tu casa. Ya sabes que si alguna vez necesitas algo, nos puedes llamar, sea para lo que sea. ¿De acuerdo?-le dijo la madre de Andrés.
-De acuerdo. De nuevo, gracias y hasta mañana.
Tras irse Bernardino, Andrés, sus hermanos y sus padres comentaron:
-Se ve una gran persona.
-Es una gran persona-dijo Andrés-¡Y eso que nos asustamos cuando lo vimos por primera vez!
-¡Y nosotros!-dijo su madre-¡Menudo susto nos dimos cuando lo vimos con vosotros!
Y tras recoger las cosas de la mesa, se acostaron.
Andrés pensaba en el día siguiente. ¿Qué les tendría preparado Bernardino? Y mientras pensaba,  se quedó dormido.

 Continuará... 




jueves, 20 de octubre de 2016


ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO

-VIII-
UNA CASA PARA BERNARDINO

La nave era muy grande, sin ventanas y bastante oscura. Pero no les importó. Los padres y madres de los cinco aventureros, junto con los niños y Bernardino, observaron el espacio con detenimiento y cada uno comenzó a decir qué se podía hacer aquí y allí y en qué podría convertirse aquel oscuro lugar.
Bernardino les dijo:
-Acepto y agradezco todas vuestras opiniones, pero creo que ya sé cómo me gustaría ver la nave. Lo que sí necesito es vuestra ayuda.
-¡Hecho!-dijeron todos a coro.
Comenzaron retirando todos los restos de materiales al exterior sin tirar ninguno para poderlos utilizar en otro momento.
Una vez vacía la nave, Bernardino les dijo a los padres de sus amigos:
-Necesito que me ayudéis ha hacer una cosa.
-Dinos qué necesitas.
-¿Veis el techo? Pues quiero, mejor dicho, necesito que justo en el centro, se corte un trozo grande del tejado de chapa  para ponerlo de cristal, como una enorme ventana y entre así más luz.
-Necesitaríamos una grúa o unos andamios. Hummm... Hablaremos con algunos amigos nuestros que son albañiles para que nos echen una mano-dijo el padre de Andrés.
Se marcharon, y al momento aparecieron con refuerzos, dispuestos y con todo lo necesario para hacer un gran tragaluz en el centro de la nave.
Bernardino estaba asombrado ante tanto ir y venir de gente de un lado para otro.

Uno de los amigos de los padres, con la grúa y unas herramientas, cortó unos dos metyros cuadrados del techo de chapa. Al retirarla, la nave se inundó de luz por todos los rincones.
Bernardino estaba aún mirando al techo cuando alguien le preguntó:
-Hola, soy el cristalero. Venimos para ayudarte con el ventanal del techo. Tomaremos medidas y te haremos el tragaluz. Por cierto, me llamo Jesús-y le dio la mano en forma de saludo- El ventanal tendrá un sistema para poder cerrar unas persianas que irán instaladas a la vez. En un par de días lo tendrás listo.

Y así fue, en un par de días de auténtica locura, su nuevo hogar parecía un autentico hormiguero  en donde entraban y salían gente, limpiando, fregando, cantando y riendo… En ese caos, vinieron los cristaleros e instalaron el enorme ventanal. Mientras tanto, la nave estaba quedando de punta en blanco.
Durante una semana, muchas personas se acercaron a ayudar y colaboraron con comida, materiales, accesorios para el baño…Otros regalaron una pequeña hornilla de butano para que se pudiera hacer de comer; otros platos, vasos, cubiertos, cacerolas…Así, poco a poco, Bernardino se hizo con todo lo necesario para poder vivir dignamente allí.
Una casa de muebles de la localidad, le regaló una cama de tamaño especial para él y un par de juegos de cama. Otro, una mesa, sillas…De otras tiendas recibió platos, vasos, cubiertos…También le regalaron toallas, jabón, gel, champú…
Bernardino les agradeció a todos su ayuda y les dijo:
-Escuchad un momento. ¡Escuchadme todos por favor!-Se hizo el silencio y habló- Os agradezco a todos la ayuda que me habéis prestado, pero ahora necesito que durante unos días, no vengáis por aquí. Me gustaría prepararos una sorpresa. De verdad. Gracias por todo.
Cuando se marcharon los que le estaban ayudando, Bernardino regresó a su cueva, y cogió restos de cristales rotos de colores que tenía guardados como si de una colección de cromos o de sellos se tratara. Los tenía liados en un trapo de tela vieja y escondido para que nadie los pudiera encontrar.
Uno a uno, los limó, para que no cortaran y  les fue dando forma. A unos de estrellas, a otros de triángulos, a otros de medias lunas, a otros de círculos, cada uno dependiendo del tamaño del cristal y del color.

Bernardino tenía mucha imaginación. Los sujetó a cuerdas finas, de esas transparentes, que fue colgando una a una a distinta altura desde el hermoso tragaluz del techo para que, cuando entrara el sol, sus rayos traspasaran cada uno de esos cristales de colores y dieran luz y color al que ya era su nuevo hogar. Por la noche, con la luz eléctrica, también brillaran los cristales, dándole un encanto especial al almacén.
Le costó mucho trabajo poder colocarlos, pero se animó  solo por el hecho de pensar las caras que pondrían sus nuevos amigos y sus familias.
























De este cuento que os presento a continuación, hace unos años, lo representaron en teatro siendo las protagonistas todas mujeres.  Una ...