miércoles, 31 de agosto de 2016

Andrés en: El caso del esqueleto de gato...


-IV-
EL MENSAJE AMENAZADOR

Aún no había salido el sol y Andrés ya estaba preparado, vestido con sus botas y pantalones largos para no arañarse las piernas como le sucedió el día anterior, su gorra, sus guantes de ciclista, sobre todo por si tenían que partir alguna rama…Sí, esta vez, estaba preparado.
Cuando sus padres llegaron a la cocina él ya estaba desayunando. Sorprendidos y extrañados le preguntaron:
- ¿Qué haces tan temprano levantado? Es domingo y podías aprovechar para levantarte tarde.-Vieron la mochila preparada-¿Y esa mochila? ¿Dónde vas?
-Papá, mamá, es que hoy hemos quedado los de siempre para ir de excursión por el pueblo. No os preocupéis de verdad, que no vamos a ningún sitio malo ni peligroso.
Pero Andrés, que no le salía mentir les continuó contando:
-Es que ayer vimos el esqueleto de un gato con la cabeza agujereada y queremos investigar quien ha podido hacer algo así. Tú me dejas ¿verdad papá?
Y puso esa cara que se les pone a los padres cuando quieres que te dejen hacer algo, y como es natural, los padres no pudieron resistirse y le dejaron ir. Pero le dejaron porque Andrés nunca nunca nunca mentía, siempre les decía la verdad y eso a sus padres les gustaba mucho y les daba confianza.
Quedaron en verse en el Aula de Música porque ese lugar estaba junto al colegio de Las Tres Carabelas. Cuando llegó Andrés al punto de encuentro, Guillermo y Roberto ya estaban allí. Se saludaron y comenzaron a revisar las mochilas para ver lo que cada uno llevaba en ella.
-Tío, cuando mi madre vaya a tender la ropa y no vea el cordel, verás la que me lía-les contó Andrés.
- ¿Y cómo te has traído el cordel de la ropa? ¿Es que no tenías otra cuerda, aunque fuera más fina? -le dijo Guillermo.
-No, era la única que podía conseguir. Cuando vuelva se lo daré y ya está.
Mientras tanto, llegaron Manuel y Jorge e hicieron lo mismo: sacar lo que traían en las mochilas.
-Nosotros hemos traído manzanas y galletas-dijo Roberto.
-Estupendo, yo varios sándwich y galletas también-apuntó Manuel.
-Yo, zumos y galletas-apuntó Jorge.
- ¡Vaya!, Todos hemos traído galletas. Yo también. Y mirad, cada uno, pensado en los demás, hemos traído más cosas de comer. ¡Menudo banquete nos vamos a dar! Jajajajaja.
Volvieron a recoger cada uno lo que traía en la mochila y se pusieron en marcha.
Todos dispuestos para la gran aventura, escondieron las bicis en el mismo lugar que el día anterior, abrieron la cancela oxidada con mucho cuidado y el último que pasó la cerró de nuevo.
 Ataron la cuerda de la ropa de la madre de Andrés bien fuerte al árbol que estaba en la entrada y…comenzaron a subir la cuesta que iba hacia el castillo. Atrás dejaron el colegio abandonado. Hoy no entrarían, hoy, la aventura sería otra.
Por el camino había tantos árboles que, en vez de amanecer, se diría que estaba anocheciendo. Iban muy muy muy despacio porque se estaban acercando al mismo lugar en donde se encontraron el esqueleto de gato. Se miraron unos a otros en silencio, muy en silencio, incluido Guillermo, que tenía mucho cuidado de no tropezarse con nada y meter la pata de nuevo.
Llegaron… y ¡allí estaba el esqueleto! En el mismo lugar, pero con otro esqueleto al lado. ¿De qué sería ese esqueleto? ¿De gato? ¿De otro animal? Se acercaron más aún y comprobaron que efectivamente se trataba de otro esqueleto de gato, muerto en las mismas circunstancias que el anterior.
Al lado descubrieron unas huellas de pies muy grandes y al lado de la huella de pies grandes, un trozo de papel. Manuel que estaba más cerca se agachó para cogerlo. Estaba muy arrugado. Era un papel de color amarillo. Lo fue desdoblando con sumo cuidado para no romperlo.
 Todos estaban pendientes de las manos de Manuel, que  estiraban con mucho cuidado la bola de papel, y atónito leyó en voz alta:
Sé   que  fu is  tes     tú
Te   en con tra  
Las seis palabras que estaban en el papel eran de recortes de periódicos y revistas. Se quedaron mirando la nota fijamente. Simultáneamente, miraron de nuevo la enorme huella.
Junto a las huellas, había una señal de haber ido arrastrando algo por el suelo. Esas huellas daban un poco de miedo de grandes que eran.
- ¡Uauuuu, de quien sean estas huellas tiene que ser enorme! -dijo Manuel asombrado.
-Qué hacemos: seguimos adelante o nos volvemos-preguntó Andrés.
-Sigamos adelante-dijeron todos, todos menos Jorge que le estaban castañeteando los dientes del susto que tenía.
- ¡Síiiiiiiiiiiiii! -les dijo Roberto.
Andrés al ver a Jorge tan asustado, los calmó y les dijo:

-Mejor será que lo sometamos a votación ¿vale?
-Valeeeee-contestaron todos a la vez.
La votación fue a pares o nones. Si salía pares, seguirían investigando. Si salía nones, regresaban a casa.
 -Una, dos y tres ¡ya! -dijo Andrés y comenzó a contar-. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once y doce. Ha salido pares. ¡Seguimos investigando!
-Tranquilo Jorge, no nos va a suceder nada. Si vemos peligro, nos volvemos. ¿Trato hecho?
-Trato hecho. Sigamos adelante. Estoy bien- le respondió Jorge decidido.

 Continuará...














miércoles, 24 de agosto de 2016


ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO
-III-

EL ESQUELETO

Eran las once de la mañana cuando volvieron a encontrarse el club de los cinco.
-Hoy iremos al Castillo ¿no? Al final ayer no pudimos ir y yo no quiero volver a ese colegio. -dijo Manuel-. He tenido pesadillas esta noche, soñándome con el colegio fantasma.

Iban hacia el castillo, dejando a un lado el colegio de las Tres Carabelas, cuando, en medio del camino vieron un esqueleto. Se acercaron despacio, muyyy Cuanto más cerca estaban de él, más se daban cuenta de que aquel pobre animal había sido en sus mejores tiempos un gato.
Sí, un gato, un gato que había muerto a pedradas con un tirachinas seguramente, viendo lo profundos que eran los agujeros que tenía en el cráneo el pobre y difunto animal.

- ¿Quién podría hacer algo así? -dijo Roberto.
- ¡Menudo animal tiene que ser! -le contestó Manuel.
-Como encontremos al que lo ha hecho, se va a enterar-replicó Guillermo.
 -Sí, le vamos a dar una buena paliza-dijo Jorge haciendo el gesto con los puños cerrados.
-No seas bruto, ni paliza ni nada.  Si conseguimos cogerlo, lo haremos hablar. Tendrá que darnos una explicación, después ya veremos lo que tenemos que hacer. ¿De acuerdo? -dijo Andrés.
- ¡De acuerdo! -respondieron todos a la vez. Y al igual que los tres mosqueteros unieron sus manos.

Esa era su señal, la señal del grupo. Cuando estaban todos de acuerdo en algo o decidían algo importante, unían todos sus manos.
Siguieron por el sendero que separaba la espesa vegetación que había junto al colegio abandonado. Por un lateral, vieron que la hierba estaba aplastada, les extrañó y decidieron seguir por ese camino de hierba pisoteada.

_ ¿Quién habrá pasado por aquí? -preguntó Guillermo.
-No lo sé. Quizás…se trate…del…ASESINO DE GATOSSSSSS-dijo Andrés para darle emoción a la aventura.
-Ahhhhhhhh ¿quieres dejar de hacer eso? ¡Se me está poniendo la carne de gallina tío! -le recriminó Manuel muy asustado.

Andaban con mucho cuidado para hacer el menor ruido posible, pero no hubo forma; Guillermo pisó una rama seca que estaba en el suelo y sonó bastante fuerte. Se giraron hacia él y le dijeron:
-Chhhhhhhhhhhhh! ¿no ves que haces mucho ruido? ¡Ten mas cuidado hombre!
 -Vale, vale, no hace falta que os pongáis así-les contestó Guillermo algo enfadado.
Andrés, al que no le gustaba ver a sus amigos enfadados, les dijo para tranquilizarles:
-Venga no os pongáis así, lo importante es que estamos juntos en esto, y que juntos vamos a averiguar quién ha pasado por aquí, que quizás sea el mismo que ha matado al gato.

Todos asintieron con la cabeza, y siguieron andando.
Al desviarse del camino central, decidieron poner una señal por donde iban pasando, dejando alguna prenda de ropa de las que llevaban puestas atada a un árbol cada pocos metros para después encontrar fácilmente el camino de vuelta.
Anduvieron un largo camino, pero les comenzó a sonar la tripa, y esa era la señal inequívoca de que era ya la hora de almorzar. Decidieron regresar por el mismo camino en el que dejaron las señales, llegar a casa, comer, y volver al día siguiente para seguir investigando.
Roberto, el mayor de todos les dijo:

-Tengo una idea. Haremos como los exploradores, prepararemos algunas cosas para la expedición.
- ¿Qué cosas? -dijo Jorge algo extrañado-. ¡Ni que fuéramos al fin del mundo hombre!
-Cosas como agua…unos prismáticos…una linterna…
-Una cuerda…comida…-siguió diciendo Andrés.
- ¿Una cuerda para qué? -preguntó Manuel.
-Para qué va a ser hombre, para ponerlo como señales que nos sirva en el camino de vuelta, como hemos hecho con la ropa, ¿o es que quieres quedarte otra vez en calzoncillos?

La escena era muy divertida, pues no se habían dado cuenta de cómo estaban hasta que decidieron volver a casa. Se miraron unos a otros y comenzaron a reírse. Sin darse cuenta, habían acabado en calzoncillos y con los botines, porque el resto de la ropa lo tendrían que recoger en el camino de vuelta, desatándolo de las ramas por donde lo habían dejado al pasar.

- ¿Os imagináis si nos vieran las chicas de clase así? -dijo Manuel y siguieron riendo.

Un rato más tarde se despidieron y decidieron no contarle a nadie su aventura.
Cada uno se marchó a su casa y aguantaron sin protestar la pequeña riña de sus padres por llegar un poco mas tarde de su hora habitual. Y para que no se enfadaran ni les castigaran por ello, decidieron portarse muy muy  muy bien; haciendo todo lo  que les mandaran  sin protestar.
Lo primero que hicieron fue ducharse sin que sus madres tuvieran que recordárselo; ayudar a poner la mesa para el almuerzo y recogerla cuando terminaron.
La tarde la pasaron tranquilamente en el barrio, jugando al fútbol y comentando las cosas que llevarían cada uno para la expedición del día siguiente.
Los padres de Andrés se extrañaron mucho al no tener que reñirle para ir a la cama esa noche, pero no le dieron la mayor importancia. Aunque en el fondo, su madre, que para eso es madre, se preguntaba: ¿Qué estará tramando este niño?
 Andrés estaba tan nervioso que no podía conciliar el sueño, pensando todo el tiempo en la aventura del día siguiente y en las cosas que tenía que preparar para el viaje al “MUNDO DESCONOCIDO”.
A escondidas y sin hacer ruido, cogió la mochila y en ella guardó una linterna, el cordel con el que su madre tendía la ropa, galletas de chocolate (sus preferidas) un paquete grande para después compartirla con sus amigos, y agua, una botella grande que había metido en el congelador la noche anterior, para mantener el agua fresca todo el día.

Continuará...


sábado, 13 de agosto de 2016

ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO
CAPÍTULO -II-

UN COLEGIO FANTASMA

 Al lado del Aula de Música, había una cancela de entrada al recinto del colegio abandonado. Aparcaron sus bicis, sujetándolas todas con una cadena y un candado a uno de los barrotes de hierro de la misma.
 Encima de la cancela, con letras de hierro forjado había un nombre que decía: COLEGIO DE LAS TRES CARABELAS.
El nombre venía a referirse a las tres carabelas con las que navegó el aventurero genovés Cristóbal Colón para descubrir América, pero donde estaba colocado, más bien parecía referirse a tres “calaveras”, por lo abandonado y siniestro del lugar, pues en ningún lado había dibujado barcos o alguna otra figura que indicara con claridad a qué se refería exactamente.
 El candado de la cancela estaba roto. La empujaron con cuidado y entraron por ella sin dificultad.
Había un camino y, a ambos lados, plantas silvestres y árboles a los que les hacía falta una buena poda para que recobraran su esplendor. Tenía un poco de pendiente, pero no demasiada por lo que no era difícil subir por allí. Comenzaron a andar por los alrededores del colegio.
-Por aquí hace tiempo que no pasa nadie. Esto está demasiado abandonado.-dijo Andrés.
Caminaban en silencio, observando todo lo que le rodeaban.

La fachada principal, estaba llena de grafitis. Los cinco, habían visto muchos grafitis en las ciudades, adornando fachadas, contenedores, escaparates, muros. Grafitis representando paisajes, personas, animales, plantas…Dibujos maravillosos y espectaculares, pero los de este colegio fantasma, eran diferentes, no eran de muy buen gusto, ni representaba cosas bonitas y agradables.
Andrés, hablando entre susurros, dijo gesticulando mucho para asustar a sus amigos:
-Quizás… sea un colegio ¡ennnnncannnnnntaaaaaado! Uhhhhhhhhhh.
 - ¿Encantado? No digas eso ni en broma-le contestó Guillermo algo asustado.
- ¡Vayamos a investigar! - apuntó Roberto.
- ¿A investigar? ¡Tú estás loco o qué. ¿No ves que está todo roto? ¿Y si nos caemos por un agujero? ¿Y si no nos encuentra nadie? ¿Y si hay un vagabundo o un ladrón escondido? ¿Y si…? -dijo Jorge.
-Shhhhhhhhhhhhhhh! Mejor será que no entremos. ¡Rodeemos el colegio y sigamos hacia El Castillo, valientes! -le dijo Andrés tapándole la boca con la mano a Jorge para que dejara de hacer tantas preguntas.
-Si…si…si…si…dededemomomomos ununun rorodedeoo-replicó Manuel, castañeteándole los dientes.
Pero cuando decidieron seguir por otro camino, Andrés ya había entrado en el colegio.
- ¡Tíos, venga, venid todos! ¡Esto es impresionante! ¡Vamos!
Titubearon un poco, pero al fin se decidieron, y fueron tras los pasos de Andrés.
La entrada al colegio, era bastante complicada, porque el suelo estaba lleno de escombros. Con mucho cuidado, pasaron uno tras otro por encima.


Tras lo que se suponía era la puerta principal, se divisó un espacio amplio, con un tragaluz de cristal en el techo, aunque algunos de esos cristales estaban rotos.
 A los lados, había una escalera sin barandilla que llevaba a la parte superior. Las paredes, al igual que la fachada principal, estaban llenas de pintadas.

 Ascendieron muy despacio, uno tras otro, cada uno de los derruidos peldaños hasta llegar a un pasillo estrecho sin barandilla.
Al mirar hacia abajo, se veía con claridad el desastre que habían ocasionado los desalmados que utilizaban aquel edificio como centro de operaciones para causas nada buenas.
El pasillo sin barandilla de la primera planta era tan estrecho que para pasar sobre él, iban caminando con el cuerpo pegado a la pared.
-Tíos, vámonos ya, que esto me da un poco de miedo-dijo Guillermo. -No me gustan las alturas.
-Sí, será mejor volver sobre nuestros pasos y bajar-comentó Manuel.
-Ok. Bajad con cuidado. Lo seguiremos intentando otro día. Se está haciendo de noche, y tengo que llegar a casa antes de que se enciendan las farolas- dijo Andrés.
- ¡Yo no pienso volver a entrar en ese colegio ni por todo el oro del mundo! Vaya miedo he pasado tíos-dijo Guillermo.
 Al salir por la misma cancela oxidada que entraron, recogieron sus bicis y quedaron para regresar a la mañana siguiente aprovechando que era sábado y así, tener más tiempo para investigar.
- ¡Eh! ¿A qué hora quedamos mañana? -preguntó Jorge.
-A las once está bien. Por lo pronto, debemos descansar y dormir bien para la aventura que se nos presenta-les dijo Andrés.

Continuará...












miércoles, 10 de agosto de 2016

ANDRES EN:
EL CASO DEL ESQUELETO DE GATO

CAPÍTULO -I-

“AMIGOS PARA SIEMPRE”
 
Andrés y Jorge son amigos desde que entraron en el colegio con tres años, y hasta el día de hoy, con doce años, aún siguen siendo compañeros de clase y lo que es más importante, aún siguen siendo amigos. Los dos son altos y delgados, bastante delgados.

Andrés tenía el pelo castaño oscuro y peinado de punta como un puercoespín, los ojos muy expresivos, de un marrón intenso como una tableta de chocolate, y una amplia sonrisa que le llega de lado a lado de la cara. Jorge tenía el pelo largo, rubio oscuro, lacio, peinado con la raya a un lado, y tapándole el flequillo casi por completo la cara.
Andrés es muy servicial y ayudaba a todo aquél que lo necesitaba. A sus vecinos, a sus abuelos, incluso cuando ve a una persona mayor con la bolsa llena con la compra del supermercado, iba corriendo para ayudarle con la carga. Sus padres, trabajaban en una tienda de comestibles que permanecía abierta incluso los fines de semana, y Andrés, con gusto, les ayudaba en sus pocos ratos libres a preparar los pedidos o atender en el mostrador a quien viniera a comprar.
La tienda, sobre todo los fines de semana, parecía el cuartel general de operaciones donde se reunían todos los del grupo para preparar sus aventuras.
  Los padres de Andrés ya estaban acostumbrados a ese entrar y salir constante de los amigos de su hijo, pero no les importaba en absoluto. Preferían tenerlos cerca que no estar con la preocupación   de no saber en qué lugar se encontraban.
Jorge, con el pelo largo rubio oscuro lacio, peinado con la ralla a un  lado, y tapándole el flequillo casi por completo la cara.
Andrés tenía muchos amigos: los amigos de su equipo de fútbol, los de rutas en  bicis, los de la música… pero, sobre todo, tiene un grupo de amigos especiales, esos amigos con los que comparte las ganas de divertirse y vivir aventuras. 
 Le gustaban los deportes, pero su favorito es sin duda alguna, el fútbol, y juega en el equipo local como delantero.
Ese viernes por la tarde, después del entrenamiento de fútbol en el Polideportivo, Andrés y Jorge charlaban entre ellos:
- ¿Nos vamos a dar una vuelta por ahí? Estoy cansado de jugar al fútbol. El entrenamiento de hoy ha sido demasiado duro y necesito hacer algo distinto antes de recogerme.
-Yo estoy mueeeeeerto, pero tienes razón, quizás si vamos con las bicis un rato, nos irá mejor.
-No sé que le pasaba hoy al entrenador, pero tenía una cara de enfado y un genio que se le notaba desde lejos. Tío, vaya gritos nos pegaba hoy. No sé cómo no se pone ronco de las voces que da.
-Quizás esté enfadado porque El Real Madrid perdió antesdeayer en la Copa del Rey y encima en la tanda de penaltis.
-Jajajajaja, seguro que es por eso. Y como castigo, nos ha puesto a entrenar a los infantiles con los grandes, porque somos todos del Betis.
 Andrés y Jorge seguían conversando sobre las estrategias que había utilizado el entrenador ese día: flexiones, abdominales y ¡cinco vueltas corriendo al campo de fútbol! Sí, definitivamente, no era el mejor día del entrenador.
Ya estaban en el aparcamiento de bicis esperando a los que faltaban del grupo que aún estaban en sus actividades en el Polideportivo.
Manuel estaba viendo el entrenamiento de voleibol de Roberto y Guillermo seguía aún en atletismo.
Roberto es el más alto de los cinco. Tenía el pelo acaracolado de color negro. Era un chico risueño, y le caracteriza un lunar grande en la mejilla, por debajo de su ojo izquierdo.
De Guillermo, hermano de Roberto, también de pelo rizado, pero de color castaño claro, lo característico eran sus gafas de colores, que le daba un aspecto bastante interesante, aunque, para entrenar, se las dejaba en casa por miedo a que se les rompieran.
Manuel era alto y el más fuerte de todos. De pelo color negro y tan lacio, que parecía tenerlo recién planchado de peluquería. También llevaba gafas como Guillermo.
Cuando por fin se encontraron los cinco a la salida del Polideportivo, cada uno fue contando a los demás cómo les había ido la tarde de entrenamientos.
-Tíos, Jorge y yo pensábamos dar una vuelta por ahí con las bicis. ¿Os venís?
Aceptaron encantados porque a todos compartían, además, la pasión por montar en bici y visitar lugares donde no había estado nunca ninguno de ellos.
Se colgaron las mochilas a la espalda, se pusieron los cascos y finalmente cogieron sus bicis.
A Roberto le gustaba presumir haciendo el caballito con la bici. Y una vez más se exhibió ante ellos.
-Mirad tíos, ¡a ver si sois capaces de hacerlo vosotros! Mira mira miraaaaaa. Oléeeeeeee!!!! –hizo el caballito y derrapando les dijo-. Venga atreveros a ver si me superáis.
-Tío, siempre estás igual. Anda vámonos ya de una vez- le reprendió Guillermo.
Mientras tanto, Jorge se peleaba con el casco para poder ponérselo.
-Esto del casco es un rollo tíos- dijo Jorge.
-Por qué, ¿Por qué te despeinas? -le contestó Roberto, y rieron todos.
-Jajaja, que graciosos-respondió Jorge abrochándose por fin el casco.
-Venga, vámonos ya de una vez-dijo Manuel.
- ¿Pero ¿dónde vamos? ¿Tenéis alguna idea? -preguntó Guillermo.
-Sí, vamos al colegio abandonado que está cerca del Aula de Música-le respondió Andrés.
- ¿A ése que se ve allí abandonado, abandonado…? -preguntó Manuel.
-Al mismo. -respondió Andrés-. Hace tiempo quiero visitarlo. Tengo curiosidad de saber si hay algo o alguien allí.
-Vale, vayamos a investigar a ver qué encontramos -dijo Roberto.
-No sé, nunca hemos estado allí, ni siquiera sabemos si se puede entrar o no-apuntó Jorge-. Además, eso de ver si vive alguien…
-Es verdad que no hemos ido nunca, pero sería divertido arriesgarse ¿no?-les dijo Andrés para animarles.
Desde el Polideportivo se divisaba el colegio abandonado porque estaba en lo alto de una montaña, a unos dos kilómetros de donde se encontraban ellos. Y pedaleando, pedaleando, sin darse cuenta, llegaron al Aula de Música, que estaba cerca del Colegio abandonado.

          FIN CAPÍTULO 1

De este cuento que os presento a continuación, hace unos años, lo representaron en teatro siendo las protagonistas todas mujeres.  Una ...