jueves, 20 de octubre de 2011

MARTA Y EL BOSQUE ENCANTADO


                    


Por África Mª Sánchez



Su piel era tan blanca, que  parecía  transparente. Sus ojos,  de un azul  intenso, como el mismo cielo en un día de verano, y su cabello, rubio como el oro más puro, recién tallado. Cuando sonreía, se le iluminaba toda su cara, y  todo el que estaba a su lado, se sentía atraído por esa risa, y esa luz que irradiaba.
       
        Desde pequeña se veía que era distinta a las demás. En sus ratitos de juegos, se iba al campo, se sentaba en el suelo cubierto de una hierba  fresca, y cogía flores para su madre.


        Un día, los padres, decidieron seguir  a la niña, para  descubrir en qué se pasaba horas y  horas sin aparecer por casa, y sin estar con ninguna amiga de su edad.
 La soledad en la que estaba inmersa Marta, les tenía preocupados.

Marta estaba  tranquila. Sus padres, la  observaban sin que ella les viera. Entonces, se dispuso a hacer lo que hacía cada día, dirigirse hacia su lugar secreto. Ellos, asombrados, permanecieron inmóviles ante lo que estaban viendo.



Parecía que hablaba con alguien pero por mucho que sus padres buscaban con la mirada, no encontraban a nadie, al menos, a nadie lo suficientemente grande como para ellos poder verlos.

Marta, comenzó a andar por un sendero que iba hacia un arroyo. De vez en cuando miraba hacia atrás, para ver  si alguien la seguía, y justo cuando pasó por un pequeño puente construido  de un tronco de árbol que había caído allí mismo, justo en ese momento, desapareció.

Sus padres corrieron tras ella a toda prisa, pensando en que algo le había sucedido a la pequeña, pero al pasar por ese mismo puente, lo único que vieron eran plantas enormes que cubrían todos los árboles. No podían entrar por ninguna parte, y mientras tanto, Marta, ya estaba en su lugar secreto.

Era un lugar que nadie, excepto ella conocía. Nadie tenía ni la más remota idea de que pudiera existir un lugar así, un lugar tan  “FANTÁSTICO”.

De pronto, comenzaron a salir pequeños seres diminutos, de entre los huecos de los árboles, de encima de la copa de los árboles, e incluso de pasadizos subterráneos. Eran muy alegres, y cantaban sin parar.

Al ver a Marta, comenzaron a decirle:



-Hola Marta! ¡Ya te estábamos echando de Menos!




-Hola- les respondió Marta- Es que no he podido despistar a mis padres. Creo que sospechan algo, y tenemos que estar preparados porque el día menos pensado, vienen a visitarnos.

Los pequeños duendecillos le dijeron:

-Marta, este lugar es secreto, no debes decírselo a nadie, porque si los humanos lo descubren, nuestra vida acabará pronto. Nos llevarían a un circo para mostrarnos como “los seres más diminutos del mundo, mundial”, y no nos gustaría nada.

-No os preocupéis, mis padres son distintos,  seguro que no dirían nada.

           Los duendes no estaban muy conformes, pero como para ellos Marta era especial, no quisieron seguir hablando de ese tema.
        Comenzaron a jugar al escondite como hacían cada vez que venía la niña de los cabellos de oro. Claro que para ellos era mucho más fácil esconderse, porque eran muy pequeñitos.

        Un día, mientras estaban jugando, oyeron un crujido enorme, y todos se asustaron. Corrieron a refugiarse en una cueva de piedra que estaba cerquita de allí, y esperaron a ver de donde venía tan extraño ruido.

        Pasó mucho rato, y de pronto,  zaaaaaaas, se cayó el gran árbol de los duendes, en el que celebraban todas sus fiestas especiales.

Todos corrían de un lado para otro sin saber qué hacer, muy asustados, pero Marta, que era una gigante para ellos, corrió para ver lo que sucedía.


Vio el gran árbol arrancado desde la raíz. No se sabe como pasó, pero el caso es que el árbol más antiguo e importante de los duendes,  estaba destruido.

Los duendes le preguntaron a Marta:

-¿Y ahora qué hacemos?
Marta se quedó pensando un momento, y les dijo:

-Tengo la solución…pero no sé si os va  gustar.
Se miraron unos a otros extrañados, y la invitaron a que siguiera contando la idea que había tenido. Era claro que al  gran árbol, no lo podrían volver   a poner en su lugar, pero Marta tenía la solución perfecta, y dijo:

-Creo que lo mejor sería que llamara a mis padres para que vengan.

Se formó un corrillo de murmuraciones entre los duendes, hasta que el gran jefe, Miguelius, se decidió a hablar:
       
-Marta, creo que eso no es muy buena idea. Tú sabes que los humanos no pueden venir aquí.

- Yo soy humana ¿no?- le contestó al gran jefe - Y yo nunca os he hecho nada malo, ni os he asustado, ¿verdad? Entonces, ¿Qué hay de malo en que ahora que necesitáis ayuda, vengan mis padres?

        Empezaron a murmurar entre ellos, pero hablaban tan bajito, que Marta ni se enteraba. Cuando de pronto, el gran jefe Miguelius, con su corona, su capa hecha de hojas, y su bastón grande, mandó  callar a todos.

-Hemos decidido que tienen razón, necesitamos  ayuda. ¿Que es lo que se te ha ocurrido?

-Pueeeeeees…había pensado…que…quizás… podría…venir mi padre…con un… motosierra que tiene en casa.

Todos se asustaron al pensar en aquél motosierra de los humanos que habían oído tantas veces cuando talaban y destrozaban los árboles. Pero Marta les tranquilizó diciéndoles:

-Tranquilos! Mi padre no es de esos, mi padre lo utiliza para podar los árboles más pequeños, para que crezcan más fuertes.

-Vale- le contestó el gran jefe.


        Marta se fue corriendo para su casa, y cuando  contó a sus padres donde había estado, no se lo creyeron, pero como era muyyyyyyy cabezota, e insistió tanto, al final consiguió  convencerles para que la acompañaran.

        Al día siguiente, bien temprano, cuando aún el sol estaba dormido, su padre, Luis, preparó en el coche, todo lo necesario: el motosierra, una escalera, cuerdas, unas tijeras grandes de podar… En fin, todo lo que creía que necesitaría.

Mientras tanto, Inés, su madre, preparaba algo de comer en una gran cesta.

Cuando Marta se despertó, ya estaban sus padres con todas las cosas preparadas, el sol ya había comenzado a salir, y Marta, refregándose los ojos, vio todo lo que su madre había preparado, se vistió tan rápido, que ni su madre lo podía creer.

 Llegaron al bosque, pasaron por el gran árbol que cruzaba el arroyo, y cuando ya Luis pensaba que su hija le había tomado el pelo, aparecieron de entre los arbustos, los huecos de los árboles y las raíces, todos los seres diminutos que Marta les había descrito.

        No se lo podía creer, ¡eran de verdad! Luis e Inés se sentían como Gulliver en el país de  Liliput.
Miguelius, el gran jefe de los duendes, le agradeció su ayuda.

Luis, con la ayuda de todos, logró cortar el gran árbol caído en trozos, de manera que de ellos, quedaron pequeñas casitas, que les serviría para poder vivir en ellas, y mientras tanto , Inés, junto con Marta, prepararon toda la comida en una manta en el suelo.
       
Les supo a poco la comida, porque como eran tantos,  en un momento se  comieron todas las cosas ricas que había traído su madre.

        Acabaron el día con una gran fiesta en honor de Marta y de sus padres.

Bailaron y cantaron todos hasta el amanecer.

        Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.





             
                  Color de ilustración:


martes, 19 de julio de 2011

-Vayamos a averiguarlo-comentó Manu.

Y adelantándose los cinco, se dirigieron hacia el lugar donde estaba mirando  los alumnos.

Al llegar allí, vieron a un niño de pie, con la cabeza agachada, parado junto al árbol que hay en la entrada de la puerta principal. Era de color. Entre sus manos, tenía una carpeta en vez de una mochila. Su ropa no era como la de los demás niños, estaba muy limpio pero el modelo que llevaba era algo anticuado.

Pasaba cada uno de los niños  por su lado sin decir nada, y el nuevo, permaneció como clavado en el suelo soportando aquellas miradas llenas de preguntas de todo aquel que caminaba junto a el.

Cuando llegaron a clase, se saludaban unos a otros preguntándose cómo habían pasado las vacaciones. Manuela, la maestra, cuando ya consiguió que todos permanecieran en sus asientos dijo en alta voz:
                      
-Niños. ¡Niños! Venga, guardad silencio, hoy tengo que presentaros a un compañero  nuevo. Nos va a acompañar todo este curso. Viene de Nigeria, y su nombre es Sunday.

          Sunday entró en clase cabizbajo, igual que estaba hacía un ratito, con la cabeza agachada y con su carpeta entre las manos.
Al verlo, se escuchó un murmullo entre los alumnos. Sunday, permaneció al lado de la maestra en silencio.

-Sunday, ven, siéntate aquí, al lado de Sito-dijo la maestra.




         Todos le miraban extrañados y se reían de él. Manuela se levantó, mandó de nuevo a callar  y en la pizarra, puso un mapa que no habían visto nunca. Sito y sus amigos estaban ya acostumbrados a ver el mapa de España, lo estaban estudiando en clase de Cono, ahora iban por los Ríos, y ya habían aprendido las regiones y las capitales, pero este mapa era distinto.

-Este es el mapa de África-dijo Manuela- Aquí es donde nació y creció Sunday. Cuando el decida, nos explicará cosas de su País. ¿De acuerdo Sunday?

El asintió con la cabeza. Tenía tanta vergüenza que no se atrevía a decir nada. Al menos por  ahora.

Pasó el primer día y aún nadie se había atrevido ha hablar con el nuevo.

 Durante el recreo del segundo día, la pandilla de los cinco: Sito, Luis, Ximo, Manu y Koque,  estaban entretenidos jugando a su juego preferido, el fútbol. Además, les tocaba las pistas ese día.

Mientras ellos jugaban, Sunday,  estaba sentado bajo el árbol que está junto a las pistas a la sombra, solo como siempre, mirando como los niños se divertían  en el partido.

Tras unos minutos, le llegó un balón al lugar en donde se encontraba. No sabía si cogerlo o no. No sabía si le dejarían jugar o no. ¡Tenía tanto miedo! Estaba en un país extranjero con unos niños que para el eran extranjeros. Pero cuando aún estaba inmerso en esos pensamientos, oyó una voz que le dijo:

-¿A qué esperas? ¡Venga, tírala ya!-dijo Ximo.

Mientras ellos jugaban, Sunday,  estaba sentado bajo el árbol que está junto a las pistas a la sombra, solo como siempre, mirando como los niños se divertían  en el partido.

Tras unos minutos, le llegó un balón al lugar en donde se encontraba. No sabía si cogerlo o no. No sabía si le dejarían jugar o no. ¡Tenía tanto miedo! Estaba en un país extranjero con unos niños que para el eran extranjeros. Pero cuando aún estaba inmerso en esos pensamientos, oyó una voz que le dijo:

-¿A qué esperas? ¡Venga, tírala ya!-dijo Ximo.

-Sí-contestó Sunday.

Y comenzó a dar regates de un lado para otro, desde una portería hasta la portería contraria metiendo directamente, bajo la mirada atónita del otro equipo, un gol espectacular.

domingo, 24 de abril de 2011

EL NUEVO( CUENTO PARA LA FERIA DEL LIBRO )


EL NUEVO


         Se acababan las vacaciones,  Y Sito y sus amigos, disfrutaban de ese último día de tranquilidad sin tener que estudiar ni hacer deberes, disfrutaban de ese último día de intrépidas aventuras que a veces les sucedían por casualidad, y otras se las inventaban ellos mismos para hacer más divertidas las  tardes de primavera.

Esa mañana, les pareció que había amanecido más pronto de lo normal, hasta se les había olvidado ya el sonido del despertador avisando de que ya era la hora de levantarse.

Los cinco amigos se dirigían hacia el colegio y durante el camino dijo Sito:

-¿Habrá venido al cole alguien nuevo?

-No sé, el año pasado no vino nadie nuevo-dijo Luis.

-Bueno tíos, no importa. Lo que sí es seguro es que algo emocionante va a pasar en el primer día de clase-contestó Ximo.




         Estaban llegando al colegio y desde lejos, se veía a un montón de niños andando muy despacio y mirando hacia un punto que ellos aún desde donde se encontraban, no divisaban.
Estudiaron la situación:

-¿Qué estarán mirando todos?-dijo Koque.

-Vayamos a averiguarlo-dijo Manu.

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martes, 19 de abril de 2011

Mi primer cuento publicado


                    


Por África Mª Sánchez



Su piel era tan blanca, que  parecía  transparente. Sus ojos,  de un azul  intenso, como el mismo cielo en un día de verano, y su cabello, rubio como el oro más puro, recién tallado. Cuando sonreía, se le iluminaba toda su cara, y  todo el que estaba a su lado, se sentía atraído por esa risa, y esa luz que irradiaba.
       
        Desde pequeña se veía que era distinta a las demás. Sus ratitos de juegos, se iba al campo, se sentaba en el suelo cubierto de una hierba  fresca, y cogía flores para su madre.


        Un día, los padres, decidieron seguir  a la niña, para  descubrir en qué se pasaba horas y  horas sin aparecer por casa, y sin estar con ninguna amiga de su edad.
 La soledad en la que estaba inmersa Marta, les tenía preocupados.

Marta estaba  tranquila. Sus padres, la  observaban sin que ella les viera. Entonces, se dispuso a hacer lo que hacía cada día, dirigirse hacia su lugar secreto. Ellos, asombrados, permanecieron inmóviles ante lo que estaban viendo....

Sobre la autora

Africa es una mujer andaluza, que nació en Cádiz el 11 de Octubre de 1966. De pequeña solía leer los libros de Agatha Christie. Jugaba con las muñecas artesanales que le hacía su madre y adoraba cuidar de niños chicos.
Siempre ha sido una apasionada a la lectura. Seguidora de Ken Follet y Carlos Ruiz Zafón. Le encantan las novelas de misterio, de intriga y de amor.
Pasó su infancia en Sevilla y posteriormente se trasladó a un publecito de Huelva llamdo Los Marines.
Hace unos años empezó a escribir como hobbi cuentos infantiles, teniendo como personajes a sus tres hijos Aurelio, Jesús y Andrés. Poco a poco se fue adentrando en los cuentos de misterio donde sus personajes buscaban algo escondido en algún lugar desconocido, compaginando sus dos cosas favoritas: Las novelas de misterio y los Cuentos infantiles.
Actualmente sigue escribiendo cuentos infantiles y continúa con su formación de escritora asistiendo a cursos y demás.
Espero que disfruten con las obras de esta autora.

De este cuento que os presento a continuación, hace unos años, lo representaron en teatro siendo las protagonistas todas mujeres.  Una ...