martes, 19 de julio de 2011

-Vayamos a averiguarlo-comentó Manu.

Y adelantándose los cinco, se dirigieron hacia el lugar donde estaba mirando  los alumnos.

Al llegar allí, vieron a un niño de pie, con la cabeza agachada, parado junto al árbol que hay en la entrada de la puerta principal. Era de color. Entre sus manos, tenía una carpeta en vez de una mochila. Su ropa no era como la de los demás niños, estaba muy limpio pero el modelo que llevaba era algo anticuado.

Pasaba cada uno de los niños  por su lado sin decir nada, y el nuevo, permaneció como clavado en el suelo soportando aquellas miradas llenas de preguntas de todo aquel que caminaba junto a el.

Cuando llegaron a clase, se saludaban unos a otros preguntándose cómo habían pasado las vacaciones. Manuela, la maestra, cuando ya consiguió que todos permanecieran en sus asientos dijo en alta voz:
                      
-Niños. ¡Niños! Venga, guardad silencio, hoy tengo que presentaros a un compañero  nuevo. Nos va a acompañar todo este curso. Viene de Nigeria, y su nombre es Sunday.

          Sunday entró en clase cabizbajo, igual que estaba hacía un ratito, con la cabeza agachada y con su carpeta entre las manos.
Al verlo, se escuchó un murmullo entre los alumnos. Sunday, permaneció al lado de la maestra en silencio.

-Sunday, ven, siéntate aquí, al lado de Sito-dijo la maestra.




         Todos le miraban extrañados y se reían de él. Manuela se levantó, mandó de nuevo a callar  y en la pizarra, puso un mapa que no habían visto nunca. Sito y sus amigos estaban ya acostumbrados a ver el mapa de España, lo estaban estudiando en clase de Cono, ahora iban por los Ríos, y ya habían aprendido las regiones y las capitales, pero este mapa era distinto.

-Este es el mapa de África-dijo Manuela- Aquí es donde nació y creció Sunday. Cuando el decida, nos explicará cosas de su País. ¿De acuerdo Sunday?

El asintió con la cabeza. Tenía tanta vergüenza que no se atrevía a decir nada. Al menos por  ahora.

Pasó el primer día y aún nadie se había atrevido ha hablar con el nuevo.

 Durante el recreo del segundo día, la pandilla de los cinco: Sito, Luis, Ximo, Manu y Koque,  estaban entretenidos jugando a su juego preferido, el fútbol. Además, les tocaba las pistas ese día.

Mientras ellos jugaban, Sunday,  estaba sentado bajo el árbol que está junto a las pistas a la sombra, solo como siempre, mirando como los niños se divertían  en el partido.

Tras unos minutos, le llegó un balón al lugar en donde se encontraba. No sabía si cogerlo o no. No sabía si le dejarían jugar o no. ¡Tenía tanto miedo! Estaba en un país extranjero con unos niños que para el eran extranjeros. Pero cuando aún estaba inmerso en esos pensamientos, oyó una voz que le dijo:

-¿A qué esperas? ¡Venga, tírala ya!-dijo Ximo.

Mientras ellos jugaban, Sunday,  estaba sentado bajo el árbol que está junto a las pistas a la sombra, solo como siempre, mirando como los niños se divertían  en el partido.

Tras unos minutos, le llegó un balón al lugar en donde se encontraba. No sabía si cogerlo o no. No sabía si le dejarían jugar o no. ¡Tenía tanto miedo! Estaba en un país extranjero con unos niños que para el eran extranjeros. Pero cuando aún estaba inmerso en esos pensamientos, oyó una voz que le dijo:

-¿A qué esperas? ¡Venga, tírala ya!-dijo Ximo.

-Sí-contestó Sunday.

Y comenzó a dar regates de un lado para otro, desde una portería hasta la portería contraria metiendo directamente, bajo la mirada atónita del otro equipo, un gol espectacular.

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