Éste cuento, lo hice especialmente para un sobrino, espero que os guste:
EL COCHE DE CARRERAS
Erase
una vez dos amigos que además eran primos; uno llamado Andrés, el otro David.
Andrés
era cinco años mayor que David, pero a ellos la diferencia de edad no les
importaba. Desde siempre, eran amigos por encima de todo.
Un
día que iban caminando por el campo, como iban hablando y hablando, sin darse
cuenta, se alejaron más de la cuenta, quizás demasiado. Entonces Andrés dijo:
-David,
creo que nos hemos perdido!!
-¿Qué?
¿Perdido? ¡No lo dirás en serio!
-Sí,
es de verdad, creo que nos hemos perdido porque no tengo ni idea de donde
estamos.
-¿Y
ahora qué hacemos? Mis padres estarán preocupados. ¡Y nosotros aquí perdidos!
Andrés
como era el mayor, le dijo para tranquilizarle:
-David,
no te preocupes. Sé como tenemos que volver a casa, porque cuando vamos por un
camino nuevo, voy dejando alguna marca. Tranquilo, que no pasa nada.
David
se quedó más tranquilo cuando Andrés le enseñó las ramitas que había ido
partiendo por todo el camino.
Pero
cuando iban de regreso, a un lado del camino, vieron algo extraño. Vieron algo
que no pegaba nada en medio del campo. Se acercaron despacio y en silencio, por
si había alguien observándoles.
Apartaron
unas ramas de una madroñera…y allí estaba…era…¡un coche abandonado! Estaba
oxidado, las ruedas pinchadas, los cristales rotos…pero no era un coche normal,
no era un todo terreno, ni un monovolumen… ¡era un coche de carreras!!
¿Quién
dejaría tirado en medio del campo un coche de carreras?
Entonces,
se miraron y dijeron a la vez:
-¡Nos
lo quedamos!
Y
comenzaron a trazar u n plan. Lo primero que hicieron fue volver a casa
corriendo todo lo que sus piernas le daban de si antes de que les echaran de
menos y al día siguiente, más tranquilos, pensarían el algo y trazarían un
plan.
Quedaron
en verse a la mañana siguiente al salir del colegio en la Plaza del Burrito.
-Andrés,
¿qué vamos a hacer?
-Nos
lo traeremos más cerca del pueblo y lo arreglaremos.
A
David se le quedó una cara como diciendo: ¿qué está diciendo este? Pero Andrés
continuó hablando.
-David,
vamos a necesitar ayuda, pero creo que si lo arreglamos, nos quedará un coche
de carreras fabuloso, ¡aunque no pueda andar! Nos vemos esta tarde. Tú tráete
una cuerda de tu padre grande y yo cogeré unas ruedas de un carro de mi padre.
Nos volveremos a ver a las cinco en punto en la entrada del camino.
-Vale,
¡lo haremos!
David,
después de comer cogió cuerdas de su padre, y Andrés las ruedas del carro de su
padre que ya no utilizaba y se fueron al campo.
Con
una cuerda atada a la parte delantera del coche, haciendo mucha fuerza, lo
intentaron levantar, pero los dos solos no podían. Así que tomaron otra
decisión: volver a casa y contarles a los hermanos mayores de Andrés todo lo
del coche.
Los
hermanos de Andrés ya vivían solos, pero estaban muy apegados a su familia y
casi todos los fines de semana venían al pueblo para ver a sus padres y
abuelos.
Cuando
oyeron la historia de Andrés y David, decidieron ayudarles, aunque en el fondo,
muy en el fondo, pensaban que era una invención de los dos para llevárselos a
ellos como cuando eran pequeños.
Cuando
Aurelio y Jesús, que así se llaman los hermanos de Andrés, vieron el coche,
comenzaron a dar vueltas alrededor
tocándose la barbilla, pensando. Hasta que Jesús dijo:
-El
motor está algo oxidado y le faltan algunas piezas, pero en mi taller, creo que
las podré conseguir. Yo me encargo de las ruedas y del motor. ¿Qué os parece?
-Sí,
sí- contestaron Andrés y David.
Aurelio,
que aún no había dicho nada, dijo:
-En
esta semana, voy a diseñar la carrocería del coche. Le pondremos un ordenador
de a bordo y todo lo que le podamos instalar para que corra mucho y sea seguro
¿os gusta la idea?
-Sí,
sí, sí- volvieron a responder los dos sin salir de su asombro.
David
estaba muy sorprendido con sus primos mayores, porque Aurelio, era un experto
en altas tecnologías. Conocía todo lo relacionado con ordenadores, y Jesús, que
era camionero, tenía su propio taller mecánico con cosas muy modernas.
Entre
Aurelio y Jesús levantaron un poco el coche haciendo palanca con un gato que
llevaban en el coche y colocaron las ruedas que había traído Andrés
provisionalmente.
Para
que no les riñeran sus padres, decidieron contárselo todo, y llevaron el coche
al taller de Jesús.
Cada
día, después del colegio y de hacer los deberes, se acercaban a ver el coche,
pero no podían hacerle nada hasta que llegara Aurelio y Jesús el viernes,
entonces, nada más llegar, todos se ponían manos a la obra.
Poco
a poco iba tomando forma ese coche de carreras, cada fin de semana lo dedicaban
casi por completo a su arreglo.
No
querían que nadie, excepto ellos cuatro, viera el coche.
Una
tarde, mientras montaban algunas piezas, Aurelio y Jesús oyeron a David y
Andrés hablar sobre cómo les gustaría que estuviera pintado el coche. Querían
que tuviera un alerón detrás, y en las puertas, un dibujo de un rayo enorme,
con ruedas gruesas como los coches de fórmula 1 y el volante de cuero negro
igual que los asientos. Así era el coche de sus sueños.
Aprovechando
la excursión escolar que tuvieron Andrés y David con sus respectivas clases
durante un fin de semana, Aurelio y Jesús se pusieron manos a la obra.
Primero
pintaron el coche de color negro brillante. Después, montaron los asientos de
cuero, y cuando la pintura estuvo seca del todo, le dibujaron en las puertas
laterales delanteras, y en el capó, un gran rayo de color blanco brillante con
el filo en rojo y naranja como el fuego. Los cristales se los tintaron en negro
excepto el delantero.
Fueron
dos días agotadores con mucho trabajo, pero el esfuerzo, realmente mereció la pena. El coche quedó espectacular,
era más impresionante que el coche fantástico.
Aurelio
y Jesús estaban llenos de grasa y de pintura, pero no les importó, sólo
pensaban en la cara que pondrían Andrés y David cuando vieran su coche de
carreras.
Le
instalaron hasta un mini ordenador que ya no utilizaba Aurelio con gps,
indicador de averías. Estaban deseando que volvieran de la excursión y vieran
el coche terminado.
Las
madres y padres estaban todos esperando la llegada del autobús. Aurelio y
Jesús, a la puerta del taller lleno aún de grasa. Andrés y David, venían
sentados juntos y decían:
-¿Le
habrán hecho algo más al coche?
-No
lo sé, pero creo que sí. Conozco bien a
mis hermanos y creo que alguna sorpresa nos tendrán preparada.
-¿Sí?
¿Cómo cuál?
-Pues
que hayan quitado lo oxidado y puesto asientos de otro coche por ejemplo.
-¡Mira,
ya estamos llegando!-dijo entusiasmado David.
Besos,
abrazos y achuchones se sucedieron en el momento que bajaron del autobús.
Dejaron sus mochilas y equipajes junto a sus padres y corrieron al encuentro
del coche.
-¡Andrés,
David! ¿Dónde vais- les gritaban sus madres.
-¡Ahora
volvemos!- y seguían corriendo sin parar.
Con
la respiración entrecortada por la carrera, llegaron al taller y en la puerta,
allí seguían Aurelio y Jesús con el mono lleno de arriba a abajo de grasa y lo que solo le veía
impecable era los dientes blancos tras una enorrrrrme sonrisa.
Se
abrazaron y dijeron:
-¡Venga,
enséñanos el coche! ¿Le habéis hecho algo? ¿Lo habéis podido arreglar? ¿Tiene
las ruedas nuevas? ¿Tiene…-
-¡Parad,
parad!, tranquilos jajajajaja. Contestaremos a toooodas vuestras preguntas.
Pero antes tenemos que deciros una cosa-dijo Aurelio , poniendo una cara muy
seria.
-¿Qué?
¿Qué pasa? Venga decidnos ya de una vez.
-Bueno…
es que.. la verdad es que…
Y
poniéndose cada uno al lado de la puerta del taller, las fueron abriendo poco a
poco. Las caras de Andrés y David eran un auténtico poema. Los ojos parecían
que se les iba a salir de las órbitas. El corazón, desbocado como una manada de
caballos salvajes, y cuando se abrieron por fin las puertas… allí estaba.
-¿Ése
es nuestro coche? ¿De verdad? … ¡Qué cocheee!!!-decían los dos asombrados.
-Sí,
es vuestro coche. Con todas las piezas nuevas. Venid y lo veis-les dijo Jesús.
-Y
para que veáis la diferencia, mirad estas fotos que le hicimos cuando trajimos
aquella tarde el coche al taller-puntualizó Aurelio.
Al
acercarse, reconocieron bajo toda la pintura y accesorios a aquel coche que se
encontraron en el bosque.
-¡Es
alucinanteee!!! ¿Podemos probarlo?- preguntó Andrés.
-No
sé, no sé, eso de probarlo… no creo que os guste el sabor-le dijo Aurelio entre
bromas.
-¡Pero
si no lo queremos probar de comer si no probar subiendo en el!!-le dijo David.
Aurelio
y Jesús, haciéndose los disimulados dijeron:
-¡Ahhhh,
era eso!!! Vale, subid los dos y vamos a “probar” el coche jajaja-les dijo
Jesús entre risas.
El
recorrido que hicieron fue por las carreteras difíciles de la sierra, el camino
de Linares y Santa Ana la Real, etc…
Andrés
y David seguían asombrados al ir descubriendo todo lo que tenía instalado el
coche. El motor tenía un sonido fuerte, como un rugido de león.
Jesús
era el que conducía, para eso era el mecánico y el que mas entendía de coches.
Aurelio, supervisaba el ordenador, el gps, comprobando todos los datos que en
él se reflejaban, para eso era el experto en ordenadores. Además, el coche
¡hablaba! Aurelio había creado un coche inteligente y al que le pusieron por
nombre CIAD, que quería decir, Coche Inteligente de Andrés y David.
Aurelio
y Jesús eran los mejores del mundo en lo que sabían hacer, al menos, para
Andrés y David.
Cuando
regresaron a casa, no pararon de hablar contándoles a sus padres todo lo que
habían hecho y por todos los lugares que habían pasado, hasta que les tuvieron
que mandar a callar.
-Tranquilos,
tranquilos-les dijo Aurelio-. Parad un momento. Sentaos, que tenemos que daros
una noticia.
Andrés
y David se sentaron tan rápido, que al hacerlo, no calcularon bien donde estaba
el sillón y se cayeron de culo. Los que allí estaban, comenzaron a reírse
tanto, tanto, que a los dos se les puso la cara roja como un tomate, pero al
final, también acabaron riendo a carcajadas.
Aurelio,
tomó la palabra y dijo:
-Tranquilos,
¿os ha dolido el culapón?
Ellos
negaban con la cabeza sin pronunciar una palabra.
-¿Ya?
¿Podemos contaros la noticia?- les dijo Jesús.
-Síiiiii,
dínosla ya.
-Pues
la noticia es que, el próximo día 15 de Agosto, , vuestro coche participará en
la carrera que se organiza para conocer mejor nuestra sierra.
-¿Quéeeeeee??
¿Nuestro coche??? ¿Quién lo conducirá? ¿Quién irá de copiloto? ¿Quién podrá ir
con él? ¿Quién…-dijo Andrés hasta que le paró su hermano mayor.
-Para,
para. Sí vuestro coche. Lo conduciré yo. De copiloto irá Aurelio. Y de
pasajeros, ummmm de pasajeros…
-¿Quiénnnn???
-De
pasajeros unos que se llaman…
-¿Cómo???
Dilo yaaaa.
-Unos
que se llaman Filiberto y Enrique.
_¿Qué??
¿Y quiénes son esos?-dijo un Andrés muy decepcionado.
-Ahhh
noooo, es que Jesús se ha equivocado jajajjaja. Son unos que se llaman….
¡Andrés y David!!!!
_¿Nosotros?
¿De verdad? ¿No nos engañas?-les preguntó David.
-Sí,
sí, y sí. Nos prepararemos cuando vengamos los fines de semana. Pero tan solo
con una condición-les dijo Jesús-. Me tenéis que prometer que vais a estudiar
mucho y aprobar todo el curso. ¿De acuerdo?
-¿Y
si nos quedan dos?-dijo Andrés.
-Entonces
no vale-le respondió Aurelio-. La condición es todas aprobadas.
-¡De
acuerdo!
El
último trimestre se pasó volando, y cada fin de semana, salían con el coche de
carreras. Cada fin de semana, Aurelio y Jesús, les preguntaban cómo iban en el
colegio.
Acabaron
el curso y lo acabaron con muy buenas notas, por lo que los días que quedaban
hasta el día de la carrera, podrían entrenar y disfrutar del verano. Pero
mientras más se acercaba el día de la carrera, más lento parecía que pasaban
las horas, los minutos y los segundos. Hasta que por fín llegó el 15 de Agosto.
Aurelio
y Jesús, habían comprado unos trajes protectores para los cuatro iguales y en
los cascos, tenían dibujado el mismo rayo del coche blanco y con el borde de
color del fuego.
La salida era desde Alájar, y de allí a Fuenteheridos, Los Marines,
Aracena, Linares, y finalmente la llegada en el mismo lugar de partida.
Cuando
pasaron por Los Marines, allí estaban todos: padres, madres, abuelos, abuelas,
titos, titas, primos, primas, amigos…
Todos
esperando que pasaran con el coche de carreras. Y nada más pasar, se fueron por
el camino contrario hasta Alájar para ver la llegada.
Los
nervios a flor de piel, a lo lejos, se oían rugidos de motores. Asomaron por la
curva los primeros vehículos de la carrera. Aún no lo distinguían bien. Pero al
acercarse a la meta, vieron que el que iba en primer lugar era el coche de
Andrés y David.
El
ruido era ensordecedor, pero aún eran más fuerte el sonido de los aplausos de
todos los presentes que recibían a los ganadores.
Estaban
agotados, habían sido tantas las emociones, que al recogerles sus padres, en el
camino de vuelta a casa, se quedaron dormidos en el coche.
Cuando
llegaron a Los Marines, prepararon una gran cena para todos los protagonistas y
su
s
familias. La mesa era enorme, y presidiéndola, estaba la copa del triunfo de la
carrera, custodiado a ambos lados por Andrés y David.
Una
vez más, se demuestra que los sueños, pueden hacerse realidad. Y aquel verano,
los amigos y primos Andrés y David, nunca lo olvidarían por las cosas que
vivieron en él.
FIN