jueves, 15 de enero de 2015

Esta pasada Navidad, participé por segunda vez con un pequeño cuento especial para estas fiestas en una revista anual en Linares de la Sierra (Huelva). Espero que os guste.

LA NAVIDAD DE ALBERTO


Desde hacía un par de meses vivía bajo un puente en un pueblo de la sierra de Huelva. Ya llevaba fuera de casa tres años, pero cuando se acercaban estas fechas…se sentía algo más triste pues recordaba a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos…

Alberto, que así se llama el protagonista, sentía nostalgia de todo lo que hacía años había dejado atrás  con el deseo de encontrar un mundo mejor donde vivir, o quizás con el deseo de  vivir nuevas aventuras y con ello eximirse de las responsabilidades familiares.

Pero se equivocó, la vida no era tan fácil como esperaba y ahora estaba pagando las consecuencias.

El frío hizo que se atreviera a acercarse un poco más al pueblo. Cuando ya estaba próximo, oyó  a lo lejos, gente cantando con guitarras y panderetas. La curiosidad le pudo, y se acercó un poco más. Las voces venían de una hermosa casa de una planta con un gran ventanal. Se acercó otro poco; tras las cortinas, se reflejaban las llamas de una chimenea que ardía con fuerza para calentar el hogar. Y a su derecha, un hermoso árbol cubierto de adornos navideños con cientos de pequeñas luces que intermitentemente, se encendían y apagaban.

Alberto pegó la cara al cristal, para sentir el calor. Tras un momento, se alejó de allí. No quería que se asustaran al verle con sus ropas raídas y sucias.

Se atrevió una vez más a mendigar en la plaza del pueblo. Esa noche tuvo algo más de suerte. Con el dinero que consiguió, se acercó a la tienda y compró un enorme pan y algunas latas de conservas. Tina, la dueña de la tienda, hasta le regaló un salchichón; le daba pena aquel muchacho. Con una bolsa repleta de cosas para comer, regresó algo más feliz a su refugio.

Pero Alberto no se dio cuenta, que en la distancia, le seguía alguien. Ese alguien era Xito, el pequeño de la familia que vivía en la casa del gran ventanal, que, vio como miraba un desconocido tras el cristal de su casa y por curiosidad decidió seguirlo.

Xito descubrió donde vivía, y corriendo todo lo que sus  piernas le daba de sí, regresó a casa para contarle a toda su familia lo que había visto.

Xito vivía con sus padres y sus dos hermanos Ure y Llesu. El padre, tras escuchar atentamente lo que decía su hijo, dijo:

-Mañana es Noche Buena. ¿Qué creéis que debemos hacer?

-¿Es una pregunta trampa?-preguntó Ure.

-Jajajaja, claro que sí, ¿no conocéis a vuestro padre?-le respondió su madre sin parar de reír.

-Pues ¡invitarle!-dijo LLesu.

-¡Claro que sí! Mañana iremos a buscarlo.

A la mañana siguiente, siguieron a Xito que les conducía al refugio de Alberto. Estaba un poco apartado del pueblo, pero no demasiado. Alberto, al escuchar los pasos se escondió tras el puente, pero la madre de Xito se adelantó presentándose ella y a los demás miembros de su familia. 

Le entregaron un bizcocho recién hecho de limón y un termo con chocolate caliente.
Ure y Llesu, comprobaron con sorpresa que era de poca más edad que ellos.

-Alberto, queremos que te vengas hoy a nuestra casa a compartir la cena de Noche Buena ¿Quieres?

Alberto no quería molestar, pero le insistieron tanto, que al final aceptó.

Cuando llegaron a su casa, lo primero que hicieron tras enseñársela, fue, darle ropa limpia y ofrecerle el baño para ducharse y asearse un poco.

¡Le supo a gloria la ducha de agua caliente!

Cuando le vieron aparecer para la cena, no lo reconocían, ¡hasta se había afeitado!
En la familia de Xito se celebraba la Noche Buena de una manera especial. Se vestían con sus mejores y humildes galas y bendecían la cena de tal manera, que cada uno de los miembros tenía que leer algo de un manuscrito antiguo especial para esa noche.

Tras el postre, Llesu cogió su guitarra, su padre y Xito hicieron lo mismo con las suyas; Ure cogió la caja flamenca, la madre la pandereta, y entre todos cantaron villancicos hasta bien entrada la madrugada.

Alberto, al ver aquella imagen, reflexionó y recordó más aún a su familia.
A la mañana siguiente, cuando aún el sol no había salido del todo, escribió una nota a la familia que le acogió sin condiciones,  sin preguntas y sin cuestionarlo, dándoles las gracias por todo lo que habían hecho por él y se marchó deseoso de llegar lo antes posible a su verdadero hogar para abrazar a sus padres, hermanos y abuelos.


Esa Navidad, nunca la olvidarían ni Alberto, ni Xito y su familia.




                                               FIN


No hay comentarios:

Publicar un comentario

De este cuento que os presento a continuación, hace unos años, lo representaron en teatro siendo las protagonistas todas mujeres.  Una ...